Mi intento fallido de veganismo

Antes de hablar sobre veganismo, me gustaría contarles como me hice vegetariana. En parte fue gracias a un compañero de colegio que repartía panfletos y en parte por el novio de una amiga que era vegano. De ambos lados recibía mucha información y fue inevitable sentir curiosidad por tal dieta y estilo de vida. Comencé a investigar el tema con una cierta obsesión, como me pasa cada vez que me intereso por algo.

Mi primera reacción fue que no podría dejar la carne. Admiraba mucho a los vegetarianos, pero la carne me gustaba… bueno, quizás no mucho (siempre fui regodiona para comer carne), pero sí lo suficiente como para que dejarla fuera una suerte de sacrificio. Sin embargo, un día comí vienesas y sentí asco. Se me venían a la mente todos los datos que había leído: desde aquellos relacionados con el sufrimiento animal, hasta aquellos referentes a la mala distribución de los alimentos. Ahí fue cuando decidí dejar de comer carne, en agosto del 2007.

Al principio fue difícil, especialmente porque varias de mis comidas favoritas contenían carne (chapsui de pollo, kibbeh, lasagna) y también porque estaba tan acostumbrada a comer ciertas cosas que olvidaba que contenían productos animales (por ejemplo, al día siguiente de decidir ser vegetariana, me comí un pan con paté sin darme cuenta xD). La idea original era ser vegana y dejar también los huevos y la leche. Pero no se pudo: la cuestión estaba causando muchos problemas en mi casa y la verdad es que algo tenían de razón: ¿de dónde iba a obtener mis proteínas? No tenía ni tiempo para cocinar, ni dinero para suplementos. Y mi mamá, en aquel tiempo, no estaba dispuesta a cocinar comida especial para mí (digo en aquel tiempo, porque ahora y después de que mi hermana también dejara la carne, mi madre nos prepara cada vez que puede platos vegetarianos). Además, los productos vegetarianos enriquecidos (como la leche de soya, las hamburguesas y vienesas vegetales, entre otros) costaban muy caros. Me terminé conformando con ser ovo-lacto vegetariana, pero siempre estuve decidida a ser vegana algún día, cuando se pudiera.

De a poco esa promesa que me había hecho se fue diluyendo. Cada vez que pensaba en dejar los productos de origen animal, surgían inconvenientes. Además, sentía que los veganos se estaban poniendo muy extremistas. Mientras que las páginas que leía en el 2007 invitaban con palabras cordiales a seguir tal estilo de vida, en años posteriores fueron surgiendo sitios que “condenaban” a aquellos que seguían consumiendo productos de origen animal. Nosotros eramos malos, ellos buenos. Eso me desagrado e hizo que me alejara del veganismo.

Sin embargo, hace tres meses, decidí hacerme vegana. Lo que gatilló aquel cambio fue el nacimiento de mi hija. Cada vez que le daba de mamar a mi beba, sentía pena por aquellos terneros que no tenían la oportunidad de ser amamantados. Me sentía culpable por consumir una leche que estaba destinada a ellos. También sentía culpa por comer huevos que quizás las gallinas hubieran empollado para que sus hijos pudieran nacer. No sé, fue extraño. Me cuesta trasmitir con palabras la tremenda pena que sentía por aquellos animales. Lo peor de todo fue que mi hija no quedaba conforme con tan solo mamar y le daba una o dos mamaderas al día con leche de fórmula, lo cual aumentaba la culpa.

La cosa es sentí que no podía seguir consumiendo esos productos. Comencé nuevamente a investigar y a ahorrar dinero para comprar productos veganos. Compré tarros de leche de soya y hamburguesas vegetales enriquecidas con calcio, levadura de cerveza y chocolate en polvo con vitamina B12, productos ricos en hierro, etc, etc. Me pasé un buen rato de supermercado en supermercado encontrando productos veganos, haciendo listas de dichos productos (¡¡llegué a encontrar una margarina vegetal!!), anotando los valores nutricionales de cada cosa… Incluso, apenas salí de vacaciones, comencé a experimentar con las recetas que encontraba en Internet.

Es una lástima que todo el esfuerzo terminara en esto: he vuelto a ser ovo-lacto vegetariana. El principal problema creo que fue la falta de tiempo para cocinar. Era complicado cocinar todos los días en una casa donde los demás también deben preparar sus comidas (nadie más en mi hogar es vegano). Además, no podía ir a la feria todos los días, por lo que no siempre tenía verduras o frutas suficientes. A esto se suma que los productos vegetarianos siguen siendo caros, al menos para mi bolsillo, y no podía gastar en ellos más de una vez al mes. Lo mismo pasaba con los suplementos. Todo esto me lleva a pensar si será posible el veganismo para una persona pobre en Chile. El gasto de plata es más o menos grande y más encima, Chile tiene muy pocas frutas y verduras comparado con otros países, como por ejemplo Brasil.

Pero bueno, espero que este intento no sea el último. Tengo planeado volver a ser vegana, pero no por ahora. Esperaré un tiempo hasta que mi beba crezca o hasta que pueda irme de mi casa (¿en diez mil años más?). Supongo que seguiré sintiéndome culpable xD Pero al menos ahora ya tengo una tremenda lista de productos veganos en el mercado y cuando quiera darme un gusto optaré por estos en lugar de los otros. También trataré de comer lo justo y necesario de productos animales (por ejemplo, no tengo necesidad ni de manjar ni de leche condensada). Tal vez algún día sí tenga los recursos para mantener esa dieta. O, con el aumento de vegetarianos que hay en Chile, quizás ser vegano se vuelva más barato. Espero que así sea.

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El ateísmo, una cuestión de fe

“Soy ateo, y punto. Me tomó mucho tiempo decirlo. He sido ateo por años y años, pero de alguna manera sentía que era intelectualmente poco respetable decir que uno era ateo… porque asumía un conocimiento que no tenía. De alguna manera era mejor decir que uno era humanista o agnóstico. Finalmente decidí que soy una criatura de emoción además de razón. Emocionalmente soy ateo. No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo”. Isaac Asimov.

Creo que es la primera vez que leo a un ateo admitir que su postura es emocional. La mayoría de los ateos manifiesta que Dios no existe desde una postura, según ellos, lógica y racional. Sin embargo, ¿cómo se puede afirmar que no existe algo que ni siquiera conoces?

Me gusta mucho discutir de religión (bueno, me gusta mucho discutir sobre cualquier cosa, pero eso no viene al caso) y por lo mismo estoy al tanto de los argumentos que esgrimen las personas tanto creyentes como ateas. Así es como me he topado con personas que afirman que la falta de evidencias sobre la existencia de Dios es suficiente para probar que no existe. Antiguamente, no era posible demostrar que existían otras galaxias. ¿Significaba que no existían?

Es por esto que pienso que el ateísmo no es más que una cuestión de fe. Una postura tan carente de pruebas como la religión.

Antes de finalizar, les dejo un interesante texto que encontré navegando por ahí: “El credo de un ateo“. Sea sarcástico o no, me parece que refleja muy bien lo que he intentado señalar con respecto al ateísmo.