A propósito de los #pilarsordismos

¿Por dónde partir, si cada momento de este vídeo me provoca una tremenda bocanada de rabia? Es que resulta tan molesto que una mujer con semejantes comentarios haya logrado un título universitario de psicología y que más encima tenga cabida en conferencias, programas de televisión y periódicos. Molesto, porque es ese el tipo de psicóloga que se hace oír por la mayoría y no psicólogas como Leslie Power o Rosa Jové.

Partiré por su primer comentario: “¿Qué chico va a querer comer porotos? O sea, objetivamente no hay ninguna posibilidad de que quiera comer legumbres a voluntad. Entonces, yo creo que hay un tema de autoridad, hay un tema de que yo no le puedo preguntar a los chicos todo lo que quieren”. Lean esa cita con atención: ¿no sienten que las palabras “objetivamente” y “no hay ninguna posibilidad” no deberían estar en esa oración? Sordo (apropiado apellido, por cierto) comete una generalización indebida, pues obviamente no conoce los hábitos alimenticios de todos los niños. En mi propio hogar, por ejemplo, mi hermana de 10 años adora las legumbres, también mi hija de 1 y yo misma.

Pero aún más importante es que involucre el tema de la autoridad con la alimentación. Por un lado, creo que más que autoridad se trata de un tema de hábitos alimenticios en la familia. Es probable que si los padres dan el ejemplo comiendo determinados alimentos y se crea una atmósfera de convivencia al cocinar, los hijos van a comer de buen gusto el plato de comida, sea cuál sea. Además, ¿qué se puede hacer, obligarlos? La nutrióloga Bridget Swinney señala que:

“Los estudios llevados a cabo demuestran que los niños nacen con un control adecuado de la ingesta de alimentos. Comen cuando tienen hambre y dejan de comer cuando se sienten saciados. Somos los adultos quienes enseñamos a los niños que deben comer  en las horas de las comidas, incluso si no tienen hambre. Un niño al que se le obliga a comer pierde su capacidad natural para controlar la ingesta de alimentos”. [1]

El pediatra Carlos Gonzalez, en su libro Mi niño no me come también señala que obligar a comer no es la solución y explica que los niños tienen gustos muy variados a lo largo de su vida [2]. Tanto Gonzalez como Swinney coinciden en que todos tenemos períodos en que algún alimento nos desagrada y es algo que debe respetarse.

Siguiendo con el vídeo, Pilar Sordo se espanta de que los padres le pregunten a sus hijos si quieren ir a ver a la abuela. Me pregunto, si un chico no quiere ver a su abuela, ¿no será por algo? Quizás tiene mejores cosas que hacer que evitar “perder el contacto con su historia”. No entiendo porqué un padre debiera inmiscuirse en ese aspecto de la vida de su hijo, ya que ¡es su vida! Obligar a un niño o adolescente a visitar a su abuela no va a hacerlo comprender lo importante que es dicho vínculo, sólo lo va a alejar más de la abuela.

¿Soy la única a la que las risitas de la tal Susana, de Pilar y de la tropa de mujeres en esa jornada le provoca urticaria? Me causa un desagrado tan grande ver su “adultocentrismo”. No le veo nada de malo en preguntarle a tu hijo cosas, hacerlo partícipe de un vínculo horizontal con uno (no somos sus jefes, no somos sus dueños) y decidir, entre todos, actividades a realizar. No entiendo la aversión a que la familia sea un lugar grato, sin tantas presiones. Esa concepción de que ser padres es “ser jodidos” aún no me cabe en la cabeza, sigo pensando que es una forma terriblemente aburrida y molesta de ser padres. Pilar Sordo señala que siendo grato los hijos no se educan, pero esa suposición no tiene ningún respaldo. Si eso fuera cierto, pedagogías como la de Montessori o lo que se realiza en Regio Emilia (Italia) hubieran fracasado. Por el contrario, son ejemplos de calidad a nivel mundial [3] [4] [5].

Otro lugar común que repite Pilar Sordo es eso de los derechos y los deberes. Ante cualquier mención de los Derechos del Niño, los adultos saltan clamando por sus deberes, pues creen que estos derechos implican una perdida de la autoridad. Pero como indica Emilio García Mendez, los padres no pierden autoridad, pierden autoritarismo. La diferencia entre ambas es que la primera tiene motivos de peso, una razón de ser y la segunda sólo se limita a “porque lo digo yo” [6]. Me parece que Sordo, cuando se refiere a la autoridad, en realidad lo que tiene en mente es autoritarismo: le gusta que las cosas se hagan a su pinta, en buen chileno.

¿Y qué pasa con los deberes? En mi opinión, cada hogar debiera establecer los deberes de sus hijos, siempre sin pasar a llevar sus derechos. En mi caso, no me horroriza que un niño no salude, pero sí considero importante participar de las labores del hogar (cocinar, limpiar). Aunque prefiero la idea de que los chicos enfrenten las consecuencias lógicas de sus acciones y no de andar persiguiéndolos para que hagan las cosas: si no limpia su pieza, tiene que lidiar con su desorden o si no lava su plato, no podrá usarlo luego (para profundizar en el tema de las “consecuencias lógicas de las acciones” pueden leer Padres respetuosos, hijos responsables de Barbara Coloroso).

En la Jornada tanto Pilar Sordo como Susana hacen constantes menciones al miedo que los padres sienten hacía sus hijos. Pues me gustaría citar una vez más a García Méndez: “Quién le tuvo miedo a sus padres, le tiene miedo a sus hijos”.

Pilar Sordo, no sólo en esta Jornada, sino en varios textos personales y entrevistas [7] repite que no podemos ser amigos de nuestros hijos. Sin embargo, yo creo que sí podemos ser sus amigos. Así como las relaciones de pareja se forman de varias aristas (amistad, pasión) la m[p]aternidad conlleva amistad, entre muchos otros aspectos. Quitar ese detalle tan rico, tan entretenido, me parece que es quitarle toda la diversión, todo el disfrute a la crianza. Y, aún más peligroso, genera el amargo sentimiento de querer que los hijos nos correspondan porque dimos mucho por ellos. Si disfrutáramos de verdad nuestra m[p]aternidad, no querríamos nada más a cambio que nuestros hijos sean felices, ¿no?

“La posición del padre o de la madre es la de quien, sin ningún prejuicio o disminución de su autoridad, humildemente, acepta el papel de enorme importancia de asesor o asesora del hijo o de la hija. Asesor que, aunque batiéndose por el acierto de su visión de las cosas, nunca intenta imponer su voluntad ni se exaspera porque su punto de vista no fue adoptado”. – Paulo Freire

  • [1] Citado en Rosas, María. El arte de hacerlos comer. México D.F: Cengage Learning, 2008; p. 30.
  • [2] Gonzalez, Carlos. Mi niño no me come. Madrid: Temas de hoy, 2004; p. 74.
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13 comentarios en “A propósito de los #pilarsordismos

  1. Es que no sólo es “adultocentrista” y no sabe expresarse, además es sumamente sexista! Sexista a rayar. Todavía en el siglo XXI sigue clasificando a hombres y mujeres en estereotipos y nisiquiera le da vergûenza declarar que la biología los hace tener comportamientos distintos…Es que no se enteró que ya pasaron los años 40? Según ella, las mujeres no son racionales e incluso dice que tienen que dejar a los hombres decidir por ella, está completamente chaláda (capáz que es masoquista y le gusta que la mandonéen). Yo tampoco entiendo cómo puede tener un programa en la tv y dar charlas, ni cómo puede haber gente que la escucha, si lo único que hace es joderle la cabeza a la gente, sobretodo a las mujeres, que despues de sus declaraciones tormentosas, deben quedar con el autoestima por el suelo…!

    • Uff, sí. Cuando mi hermana tuvo que leer Viva la diferencia le eché una mirada y me espantó. No podía creer que se siguieran difundiendo esas ideas (las mujeres tienen el pensamiento mágico y similares xD) y aún peor, que lo pasaran como lectura en un colegio.

      Lo más chistoso es que la tipa dice que las mujeres tenemos que dejar de lado las exigencias que se nos imponen, pero en sus mismos libros se pueden encontrar montones de exigencias implícitas hacía las madres xDDD

      Saludos.

  2. Era de esperarse de una persona joven sin las vivencias necesarias para saber de lo que habla. Solo por que lee cree saber y continúa con el ejemplo que destruye la sociedad enseñando a sus hijos a hacer lo que quieren olvidando que para vivir en sociedad necesita ser tolerante con los demás.
    Es obvio que tu hijo terminará siendo otro inadaptado social incapaz de comprender al resto más que a si mismo y sin la educación suficiente para seguir una autoridad.
    Es evidente que no aceptaras mi crítica ya que también eres parte de la última generación que hace lo que quiere creyendo que esta correcto, por que para ti un adulto no tiene autoridad.

    • Juan, disculpa pero dudo que obligar a los hijos a hacer lo que uno quiere enseñe a ser tolerante. Por lo demás, se nota que no leíste o no comprendiste el escrito. Autoridad no es lo mismo que autoritarismo. Me opongo a lo segundo, no a lo primero.

    • A propósito, Juan, a pesar de no compartir la idea de que sólo la experiencia te hace “saber de lo que hablas” quisiera comentarte que de las personas que cité y mencioné casi todos son padres: Carlos González tiene tres hijos, Rosa Jové dos, Leslie Power tres, Barbara Coloroso también tiene tres, Bridget Swinney dos y Paulo Freire tuvo cinco.

  3. Por supuesto, comparto la mayoría de tus críticas a Sordo (si bien sus prejuicios me causan más risa que rabia), pero también creo que autores como Carlos González se pasan al otro extremo y se podría hacer ese mismo alcance a algunos aspectos de tu argumentación. Por ejemplo, ¿cómo se puede manejar lo de ser autoridad sin ser autoritario cuando tu hijo no atiende ni entiende tus razones? ¿Cuando no es capaz de apreciar los “motivos de peso” o la “razón de ser” detrás de tus argumentos? Hablas de que los chicos enfrenten las consecuencias de sus actos y decisiones, pero, ¿qué pasa si tu hija no quiere lavar su plato ni hoy ni mañana ni nunca? ¿La vas a dejar que coma en la mano? ¿En el suelo?

    En el fondo, comparto tu planteamiento esencial, pero entiendo también a qué se refieren Sordo y otros cuando critican que los padres sean amigos de sus hijos: a que sean SÓLO amigos y no cumplan con el resto de sus funciones parentales. El rol de “asesor” de Freire me parece igualmente reduccionista. (Sé que tal vez tú tampoco concuerdes conmigo en esto, pero creo que hay relaciones entre personas, como las que existen entre padres e hijos o el gobierno y los gobernados, que sólo pueden funcionar basados en una asimetría notoria entre las partes y sus respectivas funciones). Los mejores papás que conozco son gente híper accesible para sus hijos, con gran capacidad de juego y diálogo hacia ellos, pero que al mismo tiempo son capaces de poner reglas claras, hacer cumplir compromisos adquiridos y convencer a sus hijos de hacer lo que no quieren o no hacer lo que quieren, cuando tienen claro que eso es necesario.

    • De partida, no creo que planteamientos como los de Carlos Gonzalez sean “el otro extremo”, ya que al menos se basan en una amplia gama empírica y documental. Un extremo contrario al de Sordo tendría que compartir su “metodología” y falta de fundamentación, en lugar de sólo afirmar cosas en el sentido opuesto.

      Ahora, respondiendo a tu pregunta, creo que se podrían ofrecer dos respuestas: 1) si un niño no atiende ni entiende razones o motivos de peso, es porque sencillamente el “peso” pretendido en dicha razón no es tal, rozando con el capricho y/o la tradición; o porque no se ha empleado una buena estrategia comunicacional. 2) Por muy bueno que sea un argumento, un niño tiene todo el derecho de simplemente no obedecerlo, pues al igual que un adulto tiene libertad de decisión. Es decir, por mucho que existan excelentes argumentos para un sinnúmero de asuntos, la gente no es obligada por nadie a seguirlos. ¿Por qué habría de ser diferente con los niños? ¿Por ser niños?

      Ampliando lo anterior, si un niño no quiere cumplir un asunto que no sea de vida o muerte, ¿cuál es el problema? Si no quiere ordenar su pieza, hacer la cama, usar cierta ropa o lavar su plato va a llegar un punto en el que por convenciencia y/ o comodidad lo hará por voluntad propia (siempre y cuando los padres hayan inculcado esos hábitos desde siempre y no sean decisiones impuestas de un día para el otro o que surjan de la arbitrariedad de una rabieta, a modo de castigo por ejemplo).

      Ahora bien, creo que hay algo borroso al final de tu respuesta xD Porque yo no estoy en contra de “establecer reglas claras”, hacer a los chicos “cumplir sus compromisos” o de “convencerlos”. Pienso que para establecer reglas es necesaria la participación de los niños, para generar un ambiente de participación y horizontalidad en la familia. Con respecto a hacerlos cumplir sus compromisos o convencerlos, ¿cómo hacerlo cuando el diálogo no funciona? La violencia creo que está fuera de toda consideración. ¿Con castigos? ¿Con premios? Estos generan en las personas una predisposición de actuar sólo con la finalidad de ganar un premio y/o evitar un castigo: personas que les da lo mismo maltratar a un animal si no es ilegal o que necesitan que se les entregue dinero al final de mes para mantener las buenas notas. Frente a esto, creo que no queda clara tu postura al respecto.

      • “¿Por qué habría de ser diferente con los niños? ¿Por ser niños?” Sí. Nuestros cerebros no alcanzan su madurez hasta pasada la adolescencia: eso hace que de niños y jóvenes hagamos un montón de cosas realmente estúpidas. Y parte del rol de los padres es evitar que las hagamos, lo podamos entender o no.

        Yo no puedo explicarle a mi hijo de un año y medio por qué no debe meter sus dedos u otras cosas en los enchufes. O por qué no puede destruir nuestros libros o pegarles a los gatos, por divertido que parezca. La situación no es distinta, con respecto a otros asuntos, con chicos de cinco o quince años. Y, para mí, la autoridad de ser padres tiene que ver con poder poner esas reglas que se deben cumplir, se entiendan o no por ahora, sin necesidad de recurrir a castigos ni premios: tan sólo porque sus hijos los respetan. De acuerdo a las familias que conozco, son los papás sin autoridad los que tienen que sobornar a sus chicos con esas cosas.

        Tal vez valdría la pena aclarar que el respeto se construye en una relación de amor, que no tiene por qué ser horizontal. Yo no respeto a mi mamá porque le tenga miedo, sino porque: 1) la quiero tanto que no quiero decepcionarla o hacerla sufrir sin necesidad; 2) la mayoría de sus reglas y consejos se han probado útiles con el tiempo, incluso aquellos cuyas razones alguna vez no pude comprender. Ese es el tipo de autoridad que me gustaría desarrollar hacia mis propios hijos.

      • Marcelo:

        (Siento que para poder contestarte a cabalidad, necesito toda una entrada. Sin embargo, de momento no puedo y para responderte escribiré algo bastante sintetizado)

        Aun pienso que sigues evadiendo el problema fundamental: cómo hacerlo para garantizar el cumplimiento de las reglas o acuerdos, y qué hacer en caso de incumplimiento. Tampoco respondiste cuál el problema de que un chico haga o no haga algo cuando el asunto no implica daños reales a sí mismo o a terceros, como vestirse de cierta forma, no lavar un plato o no ordenar su habitación.

        Frente a esto me pones el ejemplo de tu hijo de un año y medio y los enchufes. Ok, ahí tenemos un caso de daño real a su persona. Luego, algo similar con los gatos; un caso de daño a terceros. Y para ambos casos está presente el problema de la falta de un lenguaje completamente articulado. O sea, no estamos hablando de reglas, sólo de cuidados. Hasta aquí puedo estar de acuerdo contigo, bajo esas consideraciones.

        El problema comienza cuando dices sin fundamento alguno que “La situación no es distinta, con respecto a otros asuntos, con chicos de cinco o quince años”. ¿Realmente crees que uno no puede explicarle cosas sus hijos, aún con esa edad? Si el niño recibió los estímulos y la enseñanza adecuada, no existen razones para que en ciertas edades no sean capaces de comprender determinados problemas o impedimentos (por ejemplo, que no hay plata suficiente para el o los juguetes que ve, o que no puede sacar el auto solo por muy bien que sepa manejar). Si un niño es integrado al mundo de los adultos, en lugar de ser apartado de él, puede entenderlo perfectamente y manejarse muy bien, con el autocuidado que ello implica. Por ejemplo, en familias que han educado a sus hijos en base a El concepto del Continuum, es común ver a niños de tres años manipulando alimentos con cuchillos afilados sin cortarse tanto porque han visto cómo sus padres lo hacen, como porque estos consideran que lo aprendido en la práctica supera algunos consejos de cuidados preventivos.

        Según estudios recientes el desarrollo del cerebro del niño hacia los cinco años ya le permite memorizar, atender, controlarse y tomar decisiones de manera reflexiva [1] [2] Por supuesto, su cerebro seguirá madurando con el tiempo, pero ello no implica que a los cinco años (¡mucho menos a los quince!) sean menos inteligentes o capaces que un adulto que ha recibido estímulos más pobres. Hay que tener presente, además, que el desarrollo cerebral sólo lo vuelve más inteligente que sí mismo, no en referencia al resto. Por tanto, la pretensión de que los padres serán siempre más juiciosos que sus hijos es algo bastante infundado. Y aún más, al considerar que esos padres fueron educados por una generación que ya no comparte casi nada con nuestro mundo.

        Finalmente, sobre que “el respeto se construye en una relación de amor, que no tiene porqué ser horizontal” pienso que tampoco tiene porqué ser “vertical”. Te cito un párrafo de Humberto Maturana, que lo explica mucho mejor que yo:

        “La educación en la biología del amor ocurre en la diaria existencia de padres o profesores y niños cuando hacen cosas juntos en amistad, es decir, en autorrespeto y respeto hacia el otro así como autoaceptación y aceptación del otro, sin exigencias, en la emocionalidad de colaboración y no de rivalidad, en la conducta a través de la cual el otro surge como un otro legítimo sin temor de desaparecer en las interacciones. Nosotros los seres humanos modernos vivimos mayormente en una cultura de desconfianza y control. No tenemos confianza en nuestros niños, en su inteligencia como seres sociales biológicamente capaces de vivir en cualquier cultura que no los destruye antes de su reproducción. Como no confiamos en nuestros niños como seres socialmente inteligentes, los negamos al continuamente controlarlos bajo la exigencia de que rindan ante nuestra voluntad en la autonegación de obediencia. Al no respetar ni confiar en nuestros niños, no le oímos y actuamos en educación como si todo lo que quisiéramos de ellos fuese su sumisión a las normas y exigencias de la comunidad en la cual sucede que viven sin ser responsables de lo que hacen”.

        Transformación de la convivencia, página 72.

        Siento que en una relación horizontal, el otro no tiene miedo a disentir de nuestra opinión (como sucede con la amistad :P) y se pueden establecer acuerdos a través de la conversación; acuerdos en donde ambas partes se sientan respetadas y las necesidades de ambos sean consideradas. Y ojo, que no pienso que no se pueda dar el respeto en una relación “vertical”, es sólo que esta es más proclive a desembocar en un autoritarismo cuando la imposición de reglas no deja satisfecha a una de las partes, manifestándose desde gritos, castigos hasta golpes.

        Saludos.

  4. Paréntesis del todo ajeno: ¡qué diferencia postear aquí con la ruleta rusa que era postear en Blogspot! En serio: cada uno de mis comentarios tenía que tratar de subirlo dos o tres veces. Enhorabuena por el cambio.

  5. No olvidare una vez q vi a esta señora en Youtube caricaturizando el comportamiento femenino, haciéndole creer a la audiencia que todo el género comparte su estupidez
    También lamento la tribuna que recibe

  6. Pues un agrado leer esta critica. No la he leído nunca, quizas por prejuicio pues un verano mi pololo me aseguró que las mujeres “retenían cosas”, recuerdos, penas, rabias, semen (¬¬) mientras que los hombres dejaban ir cosas. Toda aquella teoría basada en preguntas a hombres y mujeres acerca de qué palabra se les venía a la mente con espermatozoide (nadar, fluir, irse) versus óvulo (esperar, contener, bla). Y es genialidad fue sacada de un libro llamado “viva la diferencia”.

    En ese minuto me pareció tan estúpida la idea que todavía no me he dado la lata de leerla, pero hace unos meses me mandaron este video (porque como soy mamá, se supone que me debe interesar) y lo encontré espantoso, como tú dices, aboga por el autoritarismo paterno, incluso aconseja que el único motivo válido es “porque yo lo digo” y con eso los niños debieran aceptarlo. En caso contrario, eres mal padre y no eres una figura de autoridad y tu hijos crecerán sin sentir autoridad, sin seguridad, futuros adolescentes rabiosos y problemáticos.
    A mi me parece peligroso que un niño aprenda a que DEBE obedecer a un adulto, porque es adulto, eso me huele demasiado a educar futuras victimas de abuso.
    Tampoco creo que el adulto tiene eternamente la razón, ejemplos de descriterios de parte de padres amantísimos hay millones en el mundo.

    En fin. No me gusta Pilar Sordo y tampoco me gustan sus ideas y puuuutas que me siento contenta que haya más que opinen como yo jejeje

    saludos!

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