Hijos en Libertad

Titulo original: The free Child
Autor: Alexander Sutherland Neill
Año de publicación: 1953
Género: Pedagogía, Enseñanza, Crianza
Editorial: Gedisa
Edición: 1976

Alexander Neill (1883-1973) fue un educador “revolucionario”. Decepcionado del sistema escolar tradicional, fundó su propia escuela: Summerhill. En esta, los niños gozaban de una posición horizontal con profesores y directivos, así como de la libertad para aprender cuándo, cómo y lo qué quisieran. Neill consideraba que el aprendizaje forzoso es inútil, pues sólo sirve para aprobar exámenes; a largo plazo, los chicos se olvidan de todo lo aprendido. También pensaba que los niños tenían que vivir sus vidas en función de sus deseos y no en función de sus padres, profesores o autoridades gubernamentales. El principal eje de toda su obra es el enfoque en el bienestar emocional de los jóvenes, cosa que para el sistema tradicional es irrelevante. Hijos en Libertad es una de las tantas obras que Neill escribió sobre Summerhill. En esta se dedica a precisar las diferencias entre libertad y libertinaje y a responder las dudas de padres, profesores y jóvenes sobre temas relacionados a la crianza y a la enseñanza.

Leí por primera vez este libro estando embarazada. En aquel momento no conocía mucho sobre las pedagogías libertarias, alternativas o como quieran llamarlas, ni mucho menos sobre educación en casa. Sólo intuía que algo en el sistema escolar andaba mal. Mi principal motivación para leer el libro fue que no me gustaba del todo la forma en qué había sido criada y quería comprobar que existían maneras más libres de educar a un hijo. Lo curioso es que en aquel entonces Hijos en Libertad me pareció demasiado… libre. Hace un par de días lo releí y no puedo recordar qué ideas me parecieron tan descabelladas. Lo cierto es que las propuestas de Neill son bastante lúcidas, pero chocan a quién está inmerso en un sistema tan cerrado como el nuestro.

Lo primordial para comprender tanto el libro como los principios de Summerhill es diferenciar libertad de licencia. Neill explica que muchos padres no fueron capaces de entender que esa liberad que él pregonaba se aplicaba tanto a los padres como a los hijos (y a los profesores), por lo tanto la licencia vendría a darse cuando una de las partes trasgrede la libertad ajena. Por ejemplo, se consideraría licencia si un niño toma cosas de sus padres sin permiso o rompe los vidrios del hogar. Y sería libertad si un niño decide leer en casa en vez de ir a la Iglesia u opta por no bañarse en una semana. Sin embargo, cuando trata casos de licencia el autor siempre hace algunas precisiones. Que un niño de 3 años tome algún objeto de sus padres no es lo mismo que si lo hace un adolescente de 13. En el segundo caso (o sea, cuando los actos de licencia son cometidos por jóvenes que comprenden lo que están haciendo), más que castigar o repetir normas, Neill recomienda profundizar en las conductas de los hijos. En una de las cartas enviadas una señora manifiesta molestia porque su hija grita constantemente durante las conversaciones. Los padres ya le han explicado que su conducta es molesta, pero la niña sigue haciéndolo, por lo que le pide sugerencias al autor. Neill responde:

“El método represivo es inútil e implica una pérdida de tiempo. Me parece que su hija se siente inferior, un estorbo en la familia […] Y es muy posible que se trate de una protesta constante contra su postergación. ¿Pero por qué se inquieta por lo que, al fin y al cabo, es un problema de segundo orden? ¿Se preocupa por el adoctrinamiento que su hija recibe en la escuela o en la iglesia? Alguna vez se sienta tranquilamente a pensar: ¿por qué mi hija se muestra rebelde y desdichada?

Profundicen, señores, profundicen y dejen de preocuparse por los que no son sino síntomas exteriores de conflictos internos. Procuren llegar al fondo de las cosas, al meollo de la vida, más allá de los detalles convencionales que son efímeros y minúsculos. Su pobre chica tiene un agravio, una protesta, un infortunio que les oculta” (33).

Además de enfocarse en los problemas de fondo, me llama la atención lo que el autor menciona como “actitudes antivida”, que vendrían a ser la causa del excesivo descontrol de algunos jóvenes. Entre estas actitudes se encuentran, por ejemplo, la exigencia de modales, de permanecer limpio, educar a los niños con la visión de que el sexo es algo malo y pecaminoso o pautas morales rigurosas. Neill las ha nombrado así (antivida) porque considera que estas represiones impiden al niño ser él mismo y, por lo tanto, vivir tranquilo.

Neill también se opone a enseñar a los niños algún tipo de doctrina o religión, pues estas enseñan a las personas cómo vivir y nadie debería decirle a otro cómo hacerlo. El hecho de que sean niños no significa que podamos modelarlos a nuestra imagen y semejanza. Como dijo Dawkins, nadie catalogaría a un niño de anarquista o marxista, pero en asuntos religiosos es poca la gente que tiene algún reparo al momento de etiquetar a sus hijos e, incluso, de obligarlos a seguir la religión de sus padres.

En el libro también se hace mucho énfasis en permitir que los chicos elijan su propio camino en cuánto a la profesión. Aún hoy me sorprendo de la tremenda cantidad de jóvenes que estudian una carrera sólo porque sus padres quieren y lo obligaron de una u otra forma (ya sea con sobornos o castigos) y aún más es la cantidad que sigue estudiando aún cuando preferiría trabajar ya que el estudio no es lo suyo. Estar al tanto de estos casos hace notar que libros como este siguen estando vigentes aún medio siglo después de publicados.

La manera libre de criar a los hijos planteada por Neill es, desde mi punto de vista, el amor y el respeto en su máxima expresión. Es un modelo de familia horizontal, que tiene como propósito crear personas libres… Quizás no físicamente, porque aún vivimos bajo un estado que regula nuestras vidas, pero sí interiormente. Por lo mismo, Hijos en libertad puede servir para aquellas familias que deban enviar a sus hijos a escuelas tradicionales, pero sientan deseos de otorgarles libertad al menos en sus hogares.

Homeschooling en Chile

Es difícil saber cuándo me acerqué al tema de la educación en casa. Creo que fue gracias al libro La pasión de aprender de Robert L. Fried, aunque su eje central son las formas de hacer escuela alternativas (Montessori o Reggio Emilia, por ejemplo). Sin embargo, acercándome a esas pedagogías me enteré de la educación en casa y de su implementación en Chile. El tema llamó mi atención porque viví en carne propia cómo el sistema educacional hegemónico aniquila la pasión por el aprendizaje de muchos niños. Soy una de esas personas que se sintió infeliz yendo al colegio: tenía muchas pasiones a las que no pude dedicarles tiempo y la obligación de estudiar otras tantas que nunca me han sido de utilidad. Resultó interesante conocer una manera diferente de hacer las cosas, pues me crié con la idea de que ir a la escuela era casi tan necesario como alimentarse.

En Chile, el homeschooling no es algo tan habitual como en otros países, pero sí está teniendo buena acogida. Ya son muchas las familias que han sacado a sus hijos del colegio (varios blogs, entrevistas, reportajes, entre otros dan cuenta de ello) y otras personas, que aún no son padres, se plantean la posibilidad. Cabe preguntarse, ¿por qué hay personas que no quieren enviar a sus hijos al colegio como el resto? ¿Cuáles son los beneficios de la educación en casa por sobre los beneficios que otorga el sistema educacional chileno? Si bien cada familia tiene su forma de educar en casa y sus motivos para hacerlo, trataré de presentar los principales ejes de este tema.

Advierto de inmediato que no soy ninguna experta (aunque habría que preguntarse desde cuando la experticia es garante de algo…). La mayor parte de mis conocimientos sobre homeschooling se basan en la teoría y en experiencias ajenas. Por lo mismo, cualquier corrección es bienvenida y también las discusiones que puedan surgir sobre el tema. También debo aclarar que esta entrada no busca ser un ataque hacía nadie: si hay personas que les gusta el colegio o sienten que ha sido eficiente en su caso, ¡me alegro por ellos! Sólo hago un llamado a abrir sus mentes a otras posibilidades: no todos somos iguales ni reaccionamos de la misma forma a ciertos estímulos.

I. ¿Qué ventajas tiene el homeschooling?

Atención individualizada: Esto es sumamente importante, pese a que no se le dé mayor importancia en el sistema educacional. Cada persona aprende a su manera, por lo que en la escuela no se puede enseñar de una forma que sea apta para todos, provocando que muchos chicos queden rezagados. Por ejemplo, existen estudiantes que aprenden más a través de lo sensorial (el tacto, el movimiento, las emociones) que mediante la lectura de un texto o la audición de una clase. Son chicos que necesitan moverse y tocar para aprender, por lo que la habitual sala de clases con el profesor al frente y los alumnos en sus respectivos puestos no suple sus necesidades. Lo peor de todo es que el sistema achaca a esos niños la culpa por su fracaso [1]. Al educar en casa esas necesidades podrían ser satisfechas.

Cada familia puede organizarse como mejor le convenga: Al educar en casa el horario es más flexible y adaptable a las necesidades familiares. La mayoría de las familias homeschoolers también tienen horarios (guiados, sobre todo, por los trabajos paternos), pero estos permiten que los chicos puedan optar por pasar el día en la biblioteca, asistir a talleres que se dan en horario “escolar”, pasar más tiempo con sus padres al no tener tareas obligatorias, etc.

Preparación para la vida “real”: El principal argumento de quienes se oponen a este tipo de educación es que los padres estarán encerrando a los hijos en una burbuja. Sin embargo, es más certero plantear el colegio como tal: los niños deben convivir con otros de su misma edad, en un salón con determinada cantidad de estudiantes y en donde generalmente conviven con personas de cierta clase social. Los niños casi no pueden tomar decisiones por su cuenta, pues todo lo que deben aprender, hacer y elegir es dictado por otros. En la vida, debemos tomar decisiones, convivir con personas de otras clases sociales, religiones, etnias, etc. En la “realidad”, debemos elegir qué aprender, dónde, cuando y cómo. Lo cierto es que el sistema actual no prepara ni para la vida y, en ocasiones, ni siquiera para la universidad ni el mundo laboral [2]. Mucho menos para resolver los conflictos sociales y globales que enfrentamos, como bien ha planteado Alvin Toffler [3].

Promueve (o al menos no suele coartar) la creatividad: La escuela, en general, mata la creatividad innata. En palabras de Ken Robinson: “los niños son creativos y no les importa equivocarse, se atreven hasta con lo desconocido y luego siguen a otra cosa. Pero el sistema educativo les mata la creatividad, porque no admite el error. Todo el sistema escolar está basado en la prohibición y la corrección del error. A los niños los educamos de cintura para arriba, y SÓLO UN LADO DEL CEREBRO. Nuestra tarea es educar a la totalidad de su ser” [4].

Los niños pueden aprender lo que les interesa y sea de utilidad: El curriculum escolar está lleno de materias que tal vez nunca servirán (no señalo cuáles, pues esto depende de cada uno) y deja otras tantas de lado. Se imponen una serie de asignaturas obligatorias, en la mayoría de los casos sin presentar motivos de porqué se ha elegido estudiar X en lugar de Y. 

Y lo más importante: Los niños aprenden para ser felices y satisfacer sus necesidades, no para cumplir expectativas ajenas.

II. ¿Por qué no se opta simplemente por un colegio Montessori, Waldorf, Regio Emilia, etc?

Una de las principales razones por las que mucha gente no opta por colegios con estas pedagogías es por el precio. El Colegio Huelquen de Lo Barnechea, por ejemplo, cobra $350.000 de matrícula y $244.000 la mensualidad para la enseñanza básica y media (más una cuota de incorporación de UF 70,00) [5]. El Colegio Rayen Mahuida de Colina cobra una cuota de incorporación, siendo la más alta la de UF 60 para preescolar (este mes eso correspondería a $1.314.960) y la más baja, la de UF 20 para 3º y 4º medio ($438.320). Además, cobra una mensualidad de más de $180.000 [6]. El colegio Epullay cobra desde $168.000 mensuales, más una matrícula de UF 6,5  (equivalentes a $142.454) [7]. El colegio Giordano Bruno cobra una matrícula desde $160.000, una mensualidad desde $206.500, una cuota de materiales desde $97.000 y $2.400 de almuerzo [8]. Podría seguir, pero creo que el punto ya se entendió. Aún si el precio fuera alcanzable, estos colegios caen justamente en “encerrar” a los chicos en una burbuja. Porque, seamos sinceros, una familia de clase baja no podría pagar aranceles tan altos. Otra razón por la que no se suele optar por este tipo de colegios es que gran parte de ellos no cumple a cabalidad con las pedagogías que enseña: para entrar en ellos, por ejemplo, mucho de ellos piden exámenes de admisión. Al igual que la escuela hegemónica, dividen el conocimiento en asignaturas y horarios, tienen evaluaciones…

III. Socialización

La pregunta que viene a la mente de muchas personas es ¿cómo estos niños socializan? Pese a que el homeschooling significa literalmente “educación en el hogar”, no quiere decir que los chicos pasen encerrados. La socialización puede lograrse mediante la convivencia con otros niños en lugares públicos (bibliotecas, parques, museos, cines teatros, etc), mediante talleres (scout, natación, orquesta, etc) y/o simplemente saliendo a la calle.

IV. ¿Cuánto cuesta educar en casa?

Depende de cada familia. La mayoría utiliza un computador (o más) con conexión a internet, pero habiendo una biblioteca pública cerca de la casa esto no es indispensable. Se puede gastar también en los materiales que habitualmente se compran para el colegio: cuadernos, lápices, libros, cartulinas, etc. Algunos también contratan profesores particulares, aunque leyendo blogs de homeschoolers en Chile he notado que son pocos los que hacen esto.  Con respecto a los talleres y actividades, estos se pueden encontrar gratis o a precios bajos. Aunque claro, este tema también depende de la situación familiar: si antes pagaban un colegio particular o subvencionado, financiar talleres tal vez no sea un gasto excesivo, pero sí en el caso de quienes estaban acostumbrados a la gratuidad del colegio público. De todas formas es necesario destacar que los talleres no son una necesidad: no hay que atiborrar al chico con actividades sólo porque no va al colegio.

V. Talleres y actividades gratuitas en Santiago:

  • Balmaceda Joven: Talleres gratuitos en diversas áreas. La mayoría se desarrolla dos veces por semana con duración de una a dos horas [9]. Por cierto, tienen sedes en otras ciudades.
  • Biblioteca de Santiago: En la cartelera de actividades se pueden encontrar varios de los talleres impartidos, entre los que se encuentran de Karate, una Escuela de Cuentacuentos, Capoeira, Danza Folclórica, Filosofía, etc [10].
  • Talleres comunales: Se dan en varias comunas de Santiago y si bien algunos cobran, el precio es mínimo.

Sólo tengo información sobre Santiago porque es la ciudad en dónde vivo. Si alguien quiere aportar datos sobre su ciudad, puede hacerlo a mi correo o en los comentarios de esta entrada y yo los publico por este medio.

VI. ¿Todos los padres pueden educar en casa?

Pueden hacerlo muchos más de lo que la gente cree, pero no todos. Sé que hay muchos que tienen problemas económicos y ahí la cosa se complicaría. Pero, en algunos casos, hay que saber establecer prioridades: ¿necesitas Tv cable? ¿necesitas comprar ropa en grandes tiendas? ¿es necesario comprar bebidas gaseosas todos los días? ¿no sería mejor comprar en ferias libres en lugar de comprar en el supermercado?

En caso de que se puedan recortar gastos, uno de los padres podría optar por un trabajo part-time o simplemente por quedarse en casa. También existe la posibilidad de trabajar de manera independiente e incluso, para quiénes puedan hacerlo, está la opción de contratar a alguien que cuide al o los niños o buscar a alguien de la familia. En Concepción se dio algo aún más interesante: un grupo de padres se organizó para educar, por turnos, a sus hijos fuera de la escuela [11]. Todos eran trabajadores.

Con respecto a los conocimientos, en general no es necesario ser pedagogo para enseñar. Basta con tener paciencia, informarse harto sobre enseñanza y aprendizaje y estar dispuestos a investigar par a par con los niños, no ponerse a entregar conocimientos como dueño de la verdad (para eso los dejamos en el colegio, ¿no?).

VII. ¿Es legal en Chile?

Si bien la legislación chilena obliga a los padres a educar a sus hijos hasta cuarto medio (Ley 19.876) en un sistema formal, el artículo 10º de la Constitución también le da a los padres el derecho preferente y el deber de educar a sus hijos.

Pero para certificar sus estudios, los niños deben rendir exámenes libres del nivel y curso que un estudiante o su apoderado dice poseer, procedimiento regulado en el decreto exento Nº 2272/07, el cual permite rendir exámenes del curso que solicite, acreditando con las certificaciones correspondientes, el último año cursado. Para la rendición de estos exámenes los interesados deben completar una solicitud en el Departamento Provincial de Educación correspondiente a la comuna de residencia, que les indicará un establecimiento reconocido por el Estado, quien tomará dichos exámenes. De aprobarlos se les entregará la certificación correspondiente.En el Ministerio de Educación declinaron opinar sobre este tipo de enseñanza. “Dado que el ministerio no cuenta con información sistematizada sobre este método educacional no sería apropiado emitir una opinión en este sentido”, señalaron.

(Extraído de La Nación)

Corrección: en el extracto del diario La Nación se señala que es el artículo 10º el que le da el derecho a los padres sobre la educación de sus hijos, pero en realidad es el artículo 19º, numerando 10º.

VIII. Enlaces útiles

  • Epysteme: “La Asociación Epysteme está formada por un grupo de profesionales, padres y madres, expertos en homeschooling (educación en casa), que dan apoyo y solución a aquellas personas que por diversos motivos, independientemente de la edad que tengan, necesitan obtener certificaciones académicas de forma distinta a la escolarización presencial”. Es caro para los chilenos, así que le recomiendo la inscripción sólo a aquellos que realmente puedan gastar en esto. Sin embargo, la página también es útil por sus artículos.
  • La opción de educar en casa: “Soy Madalen Goiria y en este blog ofrezco información relevante sobre el homeschool desde el 16 de abril de 2007. Se agradecen tanto las críticas como los comentarios”. Este blog ofrece excelente información sobre el homeschooling.
  • Yo aprendo: “Yo Aprendo es un plan de estudios diseñado para ayudar a los estudiantes a mejorar su rendimiento académico. El plan de estudios incluye la instrucción, ejercicios prácticos y evaluaciones, así como audio / video tutoriales y enlaces a actividades interactivas para que el aprendizaje motivador y atractivo”. La inscripción a este plan de estudios sólo cuesta $20.000 anuales, por lo que me parece muy recomendable para todos los bolsillos.
  •  Homeschool Chile: Esta página es para todos los interesados en la educación en casa. Se comparten opiniones, enlaces, vídeos, experiencias y más. Sólo se puede acceder a ella vía inscripción y luego de que se autorice el ingreso. Hay que pagar $1.000 al año.
  • Colegio personalizado Homeschool: Esta página contiene cursos desde la básica hasta la media y apoyo psicopedagógico. No sé que más contiene ni si cobran, porque aún no les envío un correo.
  • Educando en la casa: Andrea Precht es una profesora que decidió sacar a sus hijos del colegio el año 2009 y este es su blog. Les dejo el link con acceso directo a las preguntas frecuentes.
  • Laura Mascaró: Sitio personal de una abogada, escritora y madre homeschooler española.

IX. Libros recomendados:

  • El nuevo Summerhill e Hijos en Libertad de A.S Neill: En realidad, son muchos los libros de Neill(fundador de la escuela libre inglesa Summerhill) que sirven para quién desee educar en casa, pero elijo estos dos porque el primero fue escrito en una etapa bien avanzada de la vida del autor (lo que implica una mirada amplia de lo que fue su proyecto educativo) y el segundo porque se refiere más a la familia que a la escuela.Recomendar a este autor parte de una postura personal: a mucha gente puede que le desagrade, ya que la libertad (ojo: no libertinaje) que propone Neill es más de la que muchos padres estarían de acuerdo con otorgar. Pero bueno, pueden leerlos sin necesidad de seguir todas sus ideas y conservar lo que les parezca aceptable: sólo me gustaría decirles que traten de acercarse a estos libros con mente abierta.
  • Bajo presión de Carl Honoré: En este libro Honoré recopila muchísima información sobre los daños que puede provocar el estrés al que son sometidos los jóvenes, ya sea por el sistema escolar o por familias que ambicionan demasiado. Sólo menciona una vez la educación en casa, pero creo que en parte se debe a que los países que él estudió sí cuentan con escuelas alternativas accesibles.
  • Cartas a quién pretende enseñar de Paulo Freire: Como en todos sus libros, en este Freire hace un llamado a reflexionar sobre la enseñanza y la necesidad de que los niños tengan educadores respetuosos, que busquen el diálogo con sus estudiantes y no la mera entrega de contenidos.
“Educando en casa no hay un timbre que marque el ritmo de estudio. Uno no tiene por qué dejar una actividad con la que está disfrutando, en la que está concentrado, sólo porque se haya terminado la hora dedicada a esa materia. De hecho, ni siquiera hay materias en el sentido de asignaturas escolares. ¡EL MUNDO NO ESTÁ DIVIDIDO EN ASIGNATURAS!”
-Laura Mascaró.

Más allá del financiamiento

Cuando algún autor compara la escuela con la cárcel, surgen más comentarios en contra que a favor de dicha tesis. La gran mayoría concuerda en que esa estructura restrictiva es necesaria para que los jóvenes puedan aprender. Lo curioso (bueno, a estas alturas tan curioso no es… el amaestramiento funciona bien) es que son pocas las personas que se cuestionan: 1) ¿Qué aprender? 2) ¿Para qué aprender? 3) ¿Los costos del aprendizaje superan los beneficios?

Las dos primeras preguntas las hago porque, por más que concuerde que es necesario aprender, dudo que la escuela proporcione los aprendizajes que necesitamos. Todas las personas requieren aprendizajes diferentes, sin embargo el sistema escolar quiere homogeneizar esas necesidades. A lo más existe una diferenciación entre escuelas técnicas y científico-humanistas. Los más adinerados cuentan con escuelas de arte. Pero para quiénes quieren optar por otros caminos, la única opción es tragarse esos 12 años y resignarse. Como bien dijo Giorgio Jackson en el debate en el congreso, si esos  años no nos sirven, no existe manera de que nos lo retornen.

Con la tercera pregunta me refiero a aquellas personas que abogan a toda costa con que es necesario que los jóvenes aprendan lenguaje, matemáticas, biología, etcétera. Porque claro, necesitamos profesionales, técnicos y mano de obra. Pero ¿de qué sirve todo esto en una sociedad infeliz? Además, ¿por qué se piensa que en una sociedad en dónde la gente elija libremente lo que desea hacer, nadie elegirá dichos empleos?

En estos días qué tan en boga está hablar sobre educación, provoca impotencia ver que nadie analiza lo más profundo, que no es el financiamiento o la gratuidad, sino la estructura del sistema educacional en Chile y casi todo el mundo. ¿Han escuchado hablar de Summerhill, la escuela fundada por Alexander Sutherland Neill? De ella algunos dicen que fue un fracaso, que no preparaba a los estudiantes para otros centros o para la universidad. Lo cierto es que esa jamás fue la finalidad de Summerhill. La meta del proyecto creado por Neill era graduar a jóvenes felices, con el valor para ser ellos mismos y eso se logró con éxito.

(Lo curioso es que los críticos de Summerhill no suelen analizar lo complejo que es para un estudiante pasar de la escuela, tan restrictiva, a la universidad, donde al menos te exigen mayores responsabilidades y más creatividad)

Sería bueno sentarnos a leer sobre estos proyectos, sobre la “nueva escuela”, porque importa un comino si la educación es gratuita o no, mientras los estudiantes estén infelices y estresados. Nuestra sociedad no mejorará con educación, sino con felicidad y esa no se obtiene necesariamente estudiando matemáticas o comprando cosas.

“Temo que la producción en masa haya llegado para quedarse, tanto en el comercio como en la educación. Hay que vaciar a todos los niños en el mismo molde; hay que educarlos para que jamás discutan nada. Y si los chiquitines sufren en el ínterin, eso es algo que a nadie le importa. Lo único que vale es el sistema, coactivo, la estandarización del carácter para que todos piensen en la misma forma, vistan en la misma forma, hablen en la misma forma. ¡La uniformidad ante todo! Y miles de pobres niños indefensos lloran y se sienten desgraciados en sus escuelas-fábricas”.

– Alexander Sutherland Neill

Los reyes de la arena

85Título original: Sandkings
Autor: George R.R Martin
Año de publicación: 1979
Género: Ciencia ficción
Editorial: Ediciones B
Edición: 2007, publicado en Obras maestras: la mejor ciencia ficción del siglo XX

Simon Kress tiene una extraña afición por coleccionar seres vivos. Pero no de cualquier tipo: tienen que ser especies extrañas y violentas. Buscando nuevas criaturas Kress obtiene a los reyes de la arena, unos “insectos” con mente colmena capaces de idolatrar como un dios al dueño de turno. Los reyes de la arena también son capaces de armar sofisticadas guerras entre sí, con un formidable sentido del honor. Sin embargo, Kress no queda satisfecho con el desempeño de los seres y decide intervenir para intensificar dichas guerras.

Involucrarse en las guerras de las criaturas va contra toda recomendación hecha al momento de la compra y Kress no tarda en sufrir las consecuencias de su accionar.

En adelante, es posible que te encuentres con spoilers. Si no has leído este cuento y no deseas leer adelantos de la trama, no sigas leyendo.

Los reyes de la arena son criaturas serenas, cuyas guerras tienen un carácter ritual. Es por esto que las batallas no acontecen con frecuencia. Simon Kress, incapaz de entender este hecho, comienza a privarlos de alimento y a dar fiestas a sus amigos para que puedan observar las encarnizadas peleas. Entusiasmado, uno de sus amigos comienza a llevar distintos animales para luchar con los reyes y hacer apuestas sobre el ganador. Así, las criaturas cada vez se van poniendo más furiosas: pintan a su dios con sádicas miradas. Debido a un imprevisto, estas se liberan del terrario donde están encerradas y luego de una serie de eventos y muertes, Kress cae en manos de sus “mascotas”.

El cuento de George R.R Martin trata dos ideas principales: la primera, mostrar como el poder seduce y corrompe a los hombres. Y la segunda, plantea que cuando ejercemos ese poder sobre otros, tenemos que ser conscientes de las posibles consecuencias y hacernos responsables por lo que hemos “creado”. En esta entrada quisiera sólo centrarme en la segunda, ya que es una idea que llama mucho mi atención.

Simon Kress puede parecernos despiadado: detesta las criaturas tiernas, le encanta presenciar la violencia entre sus mascotas e incluso la provoca. La repulsión hacía tal personaje resulta obvia y, sin embargo, el protagonista de este cuento es sólo una exageración de nuestra sociedad y de nosotros mismos. ¿Quién no ha gozado con la desgracia ajena? Programas televisivos se hacen millonarios mostrando los problemas de otras personas y vídeos en Youtube sobre accidentes contienen comentarios graciosos y burlescos, aun tratándose de casos graves. Incluso en la vida diaria existe esta tendencia: las bromas pesadas y el bullying son habituales en colegios y universidades. ¿Quién no ha culpado a sus hijos o hermanos por sus acciones, olvidando que muchas veces los provocamos o les causamos daños?

Si se analiza este tema a gran escala, una buena síntesis es la frase de Emma Goldman: “Cada sociedad tiene los delincuentes que se merece”. Simon Kress perturba a los reyes de arena hasta que estos, en lugar de idolatrarlo, lo odian y se rebelan en su contra. Socialmente muchos hacemos (o dejamos de hacer) cosas que permiten que la delincuencia no sólo se perpetúe, sino que se expanda. Sin embargo, tratamos de quitarnos la responsabilidad de encima mintiéndonos y afirmando que “es gente mala” o que “nada podemos hacer al respecto”.

Me parece importante que, al leer este tipo de cuentos (o al leer cualquier cosa, en realidad), seamos capaces de extraer algo más allá de lo literario. La mayoría de los autores, consciente o inconscientemente nos abren las puertas a reflexionar temáticas útiles para nuestra vida. George R.R Martin con Los reyes de la arena no es la excepción y me pareció bien sacar a relucir esta obra ahora, cuando en Chile existe una compleja situación política y social. Específicamente, el tan vilipendiado vandalismo. Mucha gente se empeña en buscar a los culpables, pero no examinan la propia sociedad en qué vivimos: esperan que los jóvenes reaccionen de manera pacífica, sin considerar que somos una nación con fuerzas armadas, con altas tasas de maltrato infantil y en donde los problemas siempre se quieren resolver con mano dura y más leyes.

Si la sociedad sigue funcionando como ahora (horarios laborales y escolares enfermizos, violencia como forma de control, carencia de diálogo, imponiendo moral y religiosidad, cobrando cada vez más a quién no tiene como pagar, incentivando el consumismo y un largo etcétera) tarde o temprano las personas se alzaran como enfurecidas criaturas, tal como los reyes de arena, sobre los que alguna vez fueron sus ídolos y figuras de autoridad. Lo más probable es que ya esté sucediendo.