Fragmentada

Dos personas distintas anidan en mi mente. No uso máscaras, como otras personas. Quienes me conocen tienen una opinión bastante similar de quien soy. Y sin embargo, en mi propia mente no puedo ser yo misma. Dos personas en constante pugna, eso es lo que soy. Una chica amable, tierna, en ocasiones divertida. Una chica cruel, manipuladora, autoritaria. Ninguna se calla, ambas tratan de que tome decisiones según sus propios puntos de vista y en ocasiones sus gritos no me permiten analizar las cosas con tranquilidad.

En ocasiones ambas se ayudan y hasta se necesitan. Se apoyan la una en la otra para encontrar salida en las situaciones difíciles. A veces hasta se muestran aprecio. Pero lo que prima en su relación es la batalla, la imposición de una sobre otra. Una desea la soledad y el abandono, pues con ello nutre su creatividad y sus deseos de ser víctima, siempre una “drama queen”. La otra necesita la compañía y por eso es buena con todo el mundo, pues sabe que ser cruel y manipuladora espanta a las personas. ¿Qué control puedo tener yo sobre estos seres que invaden mi aiúa convirtiéndola en la suya? ¿Tengo voz y voto en las decisiones que desean tomar o soy sólo esclava de ambas, un títere a merced del titiritero?

Quiero gritarles que tomen luego una decisión, que no sigan partiendo más mi alma. Quiero pedirles que elijan un camino porque estoy harta de fluctuar por todas partes, sin raíces.

Otras personas usan máscaras, pero ¿en su interior se sentirán tan fragmentadas como yo? ¿Será que en mi oposición a usar máscaras con los demás las uso conmigo misma? Eso sería peor que presentarse frente a los demás de manera distinta, pues yo misma no sabría quien soy.

Dos personas en mi mente, gritando. Imponiendo sus perspectivas. Dándome y quitándome fuerzas según sea el caso. ¿Cuál de ellas soy? ¿Es posible ser alguna o tal vez todos poseemos parte de otros en nuestras mentes? Tal vez todas nuestras aiúas estén compartidas y nadie sea realmente homogéneo.

Tantas palabras sobre autenticidad e integridad gastadas. Gastadas, sí, porque nadie es íntegro. Todos somos fragmentos esperando ser escuchados y comprendidos. Todos somos el monstruo que pedía amor a gritos en el centro del mundo. Acompañados, pero solitarios. Luchando por ser homogéneos, pero absolutamente divididos en nuestro interior.

¿O nuevamente generalizo y soy sólo yo?

O más importante aún; ¿importa?

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A quemar las riendas

– Es igual que todos los demás. Intenta arrancar un trozo de él. Lo devoran a pedazos; todos son unos caníbales.

– ¿Qué? -le dio Plikt furiosa-. ¿Querías comértelo tú sola? Bueno, es demasiado para ti. ¿Qué es peor, los caníbales que picotean aquí y allá o una caníbal que se guarda al hombre entero para sí cuando es más de lo que nunca podrá digerir?

– Hijos de la mente, Orson Scott Card.

¿Cuánto tiempo he pasado pensando que la posesión era sinónimo de amor? Intento recordar algún momento en que el amor no haya estado rodeado de esas ganas de que el otro me “pertenezca” y no puedo hallarlo. Familia, amigos, novios… Sobre todo estos últimos. Siempre intentando poner una banderita sobre la persona deseada para marcar territorio.

Sé que no soy sólo yo. Sé que en nuestra sociedad es lo que se desea e incluso llega a exigirse. Se burlan si no quieres participar del juego. Hemos sido criados bajo la creencia de que las otras personas sólo pueden amar a un número limitado de otros, bajo la creencia de que en el corazón de una persona no hay cabida para más de unos cuantos. Incluso nos cuesta diferenciar entre un amor y otro. Nos enfurecemos frente a los amigos de nuestra pareja, porque quizás prefiera estar con ellos. Nos enfurecemos frente a la devoción maternal o paternal, porque una criatura ha venido a usurpar nuestro lugar. Odiamos a los ex de nuestra actual pareja, porque tal vez lo conocen mejor o porque les aportó algo que nosotros no podemos aportar.

Todas estas ideas han estado en mi cabeza, algunas por más tiempo que otras y me pregunto, ¿por qué el amor tiene que estar rodeado de emociones tan negativas, dañinas e hirientes? Si tan sólo fuesen perjudiciales para nosotros… Pero no es así. Son perjudiciales para el ser amado. Lo transforman, lo convierten. Aquello que amamos se deforma hasta ser irreconocible, porque no supimos valorarlo como era. Porque deseamos más de lo que el ser amado nos ofrecía y exigimos y exigimos hasta desgastarlo por completo.

Espero ponerle punto final a esa actitud. Si hay algo que me ha enseñado el anarquismo es el valor de la libertad. Tal vez no podemos tener la libertad que queremos, pero sí podemos aportar a que la vida de otros sea más libre. Soltar las riendas. Mejor dicho, quemar las riendas. Hacerlas desaparecer y amar a la persona que deseamos por como es, no por como queremos que sea ni por lo que queremos que represente para nosotros. No exigir más allá de lo que nos ofrecen.

– No sabía lo que hacía. Cuando no comprendes las consecuencias de tus propios actos, ¿cómo puedes ser culpable de ellos?

[…]

– No recibes la culpa, pero sí la responsabilidad -respondió-. Para sanar las heridas que causaste.

Hijos de la mente, Orson Scott Card.

Los Juegos del Hambre: un soplo de aire fresco

¿Han notado cuántas novelas juveniles hay en el mercado desde que salió Harry Potter? Es probable que considerando el éxito económico que supuso esta saga para J.K Rowling sean cientos los autores que se han lanzado con sus propias franquicias para probar suerte. Ciertamente no lo han hecho para comunicar un mensaje. Al principio eran malas copias de la saga del mago, pero gracias a la influencia de Crepúsculo ahora todas las novelas juveniles de fantasía y ciencia ficción (por suerte, aún en menor medida) están enfocadas en lo que más parece gustarle al público femenino: el romance. Desde zombies hasta hombres lobo caen ante la influencia de cupido.

Además del romance, todas estas sagas tienen en común es que ninguno de sus autores toma en serio a los adolescentes a los cuales se dirigen. Una relación simplona, personajes estereotipo, finales felices, poca profundidad psicológica y la ausencia de cualquier tipo de mensaje o significado lo demuestran: estos libros están escritores exclusivamente para ganar algo de dinero explotando a una juventud influenciada desde su infancia a consumir ese tipo de historias.

Cuando en el 2008 se estrenó la primera película de Crepúsculo toda esperanza parecía perdida. Las sagas semejantes no hacían más que reproducirse a pasos agigantados, así que cuando me recomendaron Los Juegos del Hambre pasé la recomendación por alto. No tenía ningún interés en acercarme siquiera a este tipo de novelas después de leer unas cuantas páginas escritas por Stephenie Meyer. Por supuesto, leer los comentarios en internet de los fanáticos de Los Juegos del Hambre no ayuda: su único enfoque es el triángulo romántico entre Katniss, Gale y Peeta, así que mi primera impresión fue que se trataba de otra saga para llenarle los bolsillos a alguien. Al poco tiempo tuve la oportunidad de leer un par de reseñas interesantes que me llevaron a tener intenciones de darle una oportunidad al libro de Suzanne Collins, pero los libros nunca estaban disponibles en la biblioteca. Al comprar mi Nook siempre habían cosas más importantes que leer, así que recién le dí una oportunidad a Los Juegos del Hambre hace una semana, cuando me regalaron el primer libro y, al no tener cerca nada más, comencé a leerlo. Fue un viaje sin retorno.

A diferencia de otras historias, lo primero que se puede notar apenas lees unas páginas es que no se trata de otra típica novela adolescente. Nuestra protagonista es una chica pobre, sumida en la miseria, sobre la cual recae el peso de mantener a su familia. Tiene un carácter rudo y hostil, pues al vivir en una sociedad dictatorial aprendió a esconder sus emociones para no ponerse ni a ella ni a su familia en peligro. Katniss Everdeen no es otra Bella Swan, ni siquiera un nuevo Harry Potter. A diferencia de estos, es una persona que debe preocuparse por su supervivencia diaria y de quienes ama, es alguien que arriesga su vida de las mismas maneras que nosotros mismos podríamos arriesgarla: pasando hambre o desafiando la ley. Además, es un personaje al que vemos deteriorarse con cada vivencia. Mientras Harry parece ser inmune a los continuos ataques en su contra (al menos hasta La Orden del Fénix), Katniss sufre con cada muerte que ve, incluida la de quienes en teoría deberían ser sus enemigos. A las heridas psicológicas se le suman las heridas corporales que va adquiriendo con las batallas y el agotamiento mental que supone aguantar todo eso. En la saga de Los Juegos del Hambre podemos leer el relato real de las consecuencias de una guerra.

La relación romántica en Los Juegos del Hambre tiene pinta de relleno en la primera novela, sin embargo al seguir con los dos libros restantes se va comprendiendo más la naturaleza del triángulo amoroso. No se trata sólo del desagradable “Team Peeta vs. Team Gale” que algunos fanáticos han asumido. Elegir entre Peeta y Gale supone, para Katniss, elegir una actitud frente a las desgracias que ha padecido. Resulta novedoso que, en una novela juvenil, la elección de pareja no tenga que ver tanto con las características de un personaje u otro, sino con lo que supone para quién está tomando la decisión (como sucedía en BtVS). Sin mencionar que esto NO es el eje de la historia. Es algo que se desarrolla al margen del relato, que forma parte del mismo pero que no lo llega a absorber.

Aún más genial me pareció el hecho de que esta saga no se trate de otra distopia en donde los malos son genéticamente malos y los buenos, buenos. Katniss sí se cuestiona las razones de sus “enemigos” para actuar como actúan y es capaz de comprender que, en otras circunstancias, ella misma o sus seres amados podrían haber caído en lo mismo (y algunos, de hecho, lo hacen). Suzanne Collins no usa este relato para darle al público lo que quiere leer: las escenas de violencia no están ahí para entretenernos, están ahí para qué veamos las consecuencias.

Los Juegos del Hambre es la saga que siempre quise escribir: ciencia ficción, política, psicología, sociología, realismo y la justa dosis de entretención y romance, todo en un sólo relato. ¿Tiene defectos? Claro, como todo, pero no cae en las mismas tonterías que el resto de las sagas juveniles actuales y se nota que Collins no parte asumiendo que sus lectores son unos descerebrados. Aunque ya están saliendo copias baratas de Los Juegos del Hambre espero que más gente tome el ejemplo de esta autora y se dé cuenta de que se pueden escribir libros entretenidos y profundos, de que es posible llegar a los adolescentes sin necesidad de darles lo mismo que ven a diario en la televisión y el cine. Espero que este soplo de aire fresco de la literatura juvenil no sea sólo pasajero y que traiga consigo un huracán que se lleve lejos todas las variantes de Crepúsculo.

My Little Pony FiM: Ideal para lxs niñxs

Desde hace poco más de dos años el “inicio” de mi Facebook aparecía plagado de imágenes y referencias a My Little Pony. Como yo vivo bajo una roca, sólo me enteré de la causa de este furor hace un par de meses atrás gracias a esta retrospectiva. Nunca fui muy fanática de los ponies y siempre me ha costado entender porqué son tan populares entre las niñas, pero CR hablaba con tanta pasión de la serie que me fue imposible no darle una oportunidad. Me alegro de haberlo hecho, pues My Little Pony: Friendship is Magic se ha convertido en uno de mis dibujos animados favoritos y también en uno de los preferidos de mi hija Samanta.

Con un título tan cursi es difícil pensar en que la serie tenga un desarrollo relativamente inteligente, ¿cierto? Pero las apariencias engañan. Pese a su aspecto y cursileria, MLP:FiM tiene un contenido que no sólo es apto para personas de todas las edades sino que también me atrevo a declararla una de las mejores series que podemos mostrarle a nuestros hijos por las siguientes razones:

i) Diversos modelos a seguir: Mientras otras series de moda entre niñas pequeñas, como Strawberry Shortcake o Monster High, se ajustan a típicos roles asociados a la mujer, MLP:FiM rompe esquemas y nos presenta una tremenda diversidad de personajes femeninos. Nuestra protagonista podría parecer la típica nerd, pero a diferencia de Ginger (As told by Ginger), Phoebe (Hey Arnold!) o Ghoulia Yelps (Monster High) que desean, ante todo, ser aceptadas, a Twilight Sparkle no le interesa socializar ni hacer amigos. Su único interés son sus estudios, al menos hasta que es enviada a Ponyville. Por fin el interés por los libros y la lectura no es mostrado como un escape para personas tímidas sino una elección libre de alguien que realmente está interesado en el tema.

La serie hace lo posible por romper estereotipos. Rarity, por ejemplo, es la típica chica elegante, interesada en la moda, la costura y las joyas. Por ello todas sus amigas creen que al ser secuestrada será la típica damisela en peligro (A Dog and Pony Show). Sin embargo, ella demuestra ser perfectamente capaz de resolver el conflicto por su cuenta, haciendo uso de las mismas características que a veces la hacen parecer más débil.

Rainbow Dash, Applejack y Scootaloo son las ponies con características menos “femeninas” acorde al estandar popular. Rainbow adora la velocidad y su sueño es volar con los Wonderbolts, los mejores voladores de toda Equestria. Además es una chica ruda, valiente y, porqué no decirlo, un tanto violenta. Applejack es casi la antítesis de Rarity; le molesta la elegancia, no le desagrada ensuciarse y su mayor pasión es cultivar manzanas en la granja de su familia. Además es una excelente atleta, una buena arreadora y, contrario a lo que uno pudiera esperar, también es catalogada como “una de las mejores pasteleras de todas”. Scootaloo, personaje secundario, es una pequeña pegaso admiradora de Rainbow. También ama la velocidad e intenta ser lo más ruda posible para llegar a ser como su heroína.

ii) Desescolarización: Si bien en el universo de MLP sí existe una escuela a la que asisten las ponies más pequeñas, toda la serie se centra en lo que aprenden Twilight y sus amigas en la vida diaria. Nuestra protagonista es enviada a vivir en Ponyville porque la Princesa Celestia, su tutora, quiere que haga amigos, reconociendo así el valor que tiene la interacción social en el aprendizaje. Incluso las ponies que sí van a la escuela (Scootaloo, Sweetie Bell y Applebloom) aprenden más fuera de esta. Hasta ahora (final de la 3ª temporada) la serie no ha mostrado ni un sólo capítulo en donde la lección aprendida tenga relación con la importancia de la escuela.

Todos los aprendizajes de Twilight (y, desde la segunda temporada, los de sus amigas) son enviados a modo de carta a la Princesa Celestia, quién actúa como un receptor pasivo de estos. Ella interfiere sólo si las cosas se ponen graves. Esta actitud me suena mucho a como las familias unschoolers actúan frente a los aprendizajes de sus hijos.

iii) Moral espontánea: Una tendencia habitual en las series infantiles es abordar el aspecto moral de la manera más burda y obvia posible. La cosa suele funcionar más o menos así: un adulto o personaje responsable advierte a los niños que no deben hacer algo, pero estos lo hacen igual, con lo que terminan descubriendo que la persona tenía razón y debieron haberle hecho caso desde un principio. Como en MLP los padres no se mencionan o apenas aparecen los personajes tienen un campo de acción más amplio y se permiten cometer errores sin que nadie les diga que lo son. Pueden descubrirlo por su cuenta, haciendo que dicho aprendizaje sea realmente comprendido tanto por ellas como por la audiencia. Aún cuando cada episodio finaliza con una narración de lo aprendido, no se siente forzado ni se siente como si los creadores de la serie tomaran a los niños por estúpidos.

iv) Respeto por los animales: Tal vez esta sea una de las pocas series en las que no se va a ver ni un solo producto cárnico. Quizás para familias no-veg[etari]anas no parezca importante, pero si crían a un niño bajo los principios del respeto por los otros animales entenderán lo complicado que es tener que explicarle porqué su personaje favorito se está comiendo un pavo. Es agradable poder disfrutar de una serie con la tranquilidad de que todos los personajes son vegetarianos, pero sin que esto resulte un eje de la serie. Cuando se pone énfasis en personajes vegetarianos, como con Sam (Danny Phantom) o Sharon (Braceface), sólo se logra presentar un quiebre con los otros personajes. Esto no siempre es negativo, pero cuando estamos intentando hacer de esto un principio familiar la idea es que no sea visto como algo extraño.

v) El romance no lo es todo: Desde Disney hasta Nickelodeon, las historias infantiles suelen estar rodeadas de amor romántico. De hecho, es el eje principal de muchas historias. Aunque a veces resulta divertido, como el amor que Helga siente por Arnold (Hey Arnold!) o permite abordar temas interesantes, como el amor más allá de las apariencias físicas en La Bella y la Bestia, lo cierto es que se ha abordado el tema hasta el cansancio. A menos que una película o serie infantil decida abordar el amor entre personas del mismo sexo, no necesitamos más historias que aborden el romance. El equipo creativo de MLP parece estar consciente de ello y ninguna de nuestras protagonistas está enamorada. Curiosamente el único personaje protagónico enamorado es el masculino, Spike, un dragón que tiene por objeto amoroso a Rarity.

En el último tiempo he leído muchas quejas en blogs de maternidad sobre la hipersexualización de las niñas en los medios y la ausencia de dibujos animados o series apropiadas para ellos. Y tienen razón: desde hace muchos años los roles femeninos infantiles han estado sumamente limitados al igual que las historias desarrolladas con ellos. Algunos personajes novedosos han visto la luz, pero me parece que nunca antes habíamos podido decir lo mismo de todos los personajes protagonistas de una sola serie. Además, aunque las historias que se abordan son más complejas que las que podemos ver en Caillou o Pocoyo, el colorido, la música y la animación hacen de esta una serie muy atractiva para niñas y niños pequeños (y, por lo visto, también para adolescentes y adultos XD) logrando mantener su atención e incluso su comprensión. Definitivamente la recomiendo. Lo mejor es que es un programa del cual pueden inspirarse muy buenas conversaciones y que podrían disfrutar todos los miembros de la familia.

Práctica docente: más allá de la transmisión de contenidos*

Es muy común leer y escuchar que un profesor debe manejar muy bien todos los contenidos que enseña. Es más, en la actualidad la evaluación docente chilena pone especial énfasis en dichos contenidos. Sin embargo, en Finlandia, país destacado por su excelente educación, los profesores pueden llegar a enseñar más de dos materias sin ser especialistas en ninguna. Allá la importancia radica en las técnicas pedagógicas. Como señala un documento que trata el tema: “Para los alumnos, el objetivo es que se familiaricen con una visión integral del desarrollo humano y con la interacción profesor/estudiante, así como con las teorías científicas sobre educación, aprendizaje y desarrollo, y su aplicación a la docencia y al trabajo del profesor” [1].

Es cierto que los profesores fineses sí estudian los lineamientos básicos de todos los cursos que se enseñan en el sistema escolar de dicho país, por lo que tomemos un caso más extremo: ¿puede un profesor enseñar una materia de la que no sabe nada? Jacques Rancière planteó que sí en su libro El maestro ignorante. Cinco lecciones para la emancipación intelectual (1987) [2]. En el texto, Rancière usa la experiencia de Joseph Jacotot para analizar las teorías en torno a la educación emancipadora, en la que el profesor es un guía y no una enciclopedia con patas.

“La historia comenzó cuando Jacotot, un apreciado filósofo y pedagogo en Francia, se instaló en Bélgica por razones políticas durante la Restauración (1814-1830). Allí fue contratado por la Universidad de Lovaina para enseñar francés. Jacotot, que no sabía una palabra de holandés, distribuyó a sus alumnos una versión bilingüe del Telémaco de Fénelon y los dejó solos con el texto y con su voluntad de aprender. Sorprendentemente, pocos meses después todos eran capaces de hablar y de escribir en francés sin que el maestro les hubiese transmitido absolutamente nada de su propio saber. Jacotot dedujo entonces que sus alumnos habían utilizado la misma inteligencia que usa un niño para aprender a hablar. ¿Qué hace un niño pequeño? Escucha y retiene, imita y repite, se corrige, tiene éxito gracias al azar y recomienza gracias al método. Todo sin ningún maestro” [3].

Maria Montessori también planteó esa posibilidad y en los principios de su pedagogía se señala que “el mayor signo de éxito de un maestro… es ser capaz de decir: «los niños están trabajando como si yo no existiera»” [4]. Este método ha probado ser muy efectivo, tanto en educación preescolar [5], como en la básica [6] y en la media [7].

Pero no sólo los métodos implementados en instituciones sirven. Son miles de familias las que se bajan del sistema cada año para probar con la educación en el hogar, conocida como homeschooling. Su vertiente más “underground”, el unschooling, en lugar de emular la escuela en casa (como hacen algunas familias) desestructura la creencia de que el aprendizaje debe ser sistemático, dividido por materias y aprendido sólo desde ciertas fuentes. El unschooling plantea que estamos siempre aprendiendo y los padres sólo tendrían que darle un cauce a ese aprendizaje, pero no obligarlo ni coartarlo.

Katheleen McCurdy, que educó a sus cinco hijos en casa (y estos a su vez educaron a los 12 nietos de McCurdy de la misma forma) [8], comenta que aun cuando ella no era buena para las matemáticas uno de sus hijos estudió ingeniería: “un padre siempre buscará la forma de que su hijo aprenda lo que quiera” [9]. José Miguel Castro, profesor de la Universidad de Cantabria, plantea que cuando a un niño se lo deja aprender por su cuenta se produce una suerte de deriva que adquirirá sentido más adelante. Pero para eso es necesario que el educador, sea profesor o madre/padre, se convierta en “un asistente que proporciona a quienes participan en este aprendizaje los materiales que necesitan y les asiste en sus necesidades inmediatas, pero que no se adelanta a esas necesidades ni juzga el proceso ni el resultado” [10].

Para aprender no necesitamos profesores que manejen toda la disciplina que van a enseñar. Es más, sería mucho mejor si este asumiera una postura humilde y motivara a los educandos a aprender por sí mismos. Este tipo de educación no sólo muestra resultados visibles en cuanto a aprendizajes, sino que genera una relación horizontal con el educador, otorgando al estudiante la libertad de cuestionar y disentir que tanta falta hacen en las aulas de clases y en la ciudadanía. Ante los problemas ecológicos y sociales que enfrenta nuestra sociedad, individuos que sólo saben repetir viejos conocimientos no sirven. Como planeta necesitamos personas que sean capaces de mirar hacía nuevas perspectivas y claramente el sistema escolar tradicional no lo permite [11]. Pero no sólo hay que mirar lo global, sino también lo personal: los jóvenes difícilmente van a sentirse felices y plenos en un entorno que les impide satisfacer su curiosidad innata y sus propios intereses.

*Texto publicado originalmente en Contrainformación Estudiantil bajo el título de Derribando mitos: 1º El profesor debe saberse los contenidos al derecho y al revés.

Reflexiones en torno al movimiento childfree

Existe un movimiento que se hace llamar Childfree, o sea, libre de niños. Son personas que eligen no tener hijos, cada quién por razones diferentes. La primera vez que me topé con datos sobre estas personas fue cuando, irónicamente, buscaba información sobre el libro de A.S. Neill, The Free Child. Pero bueno, tampoco es que me haya sorprendido mucho. Son muchos los jóvenes a los que he escuchado comentar que no quieren tener hijos (aunque, curiosamente, ninguno de mi círculo de cercanos… esos son todos “guaguateros” ^^) y desde mi abuela hasta mi propia madre han comentado que tener hijos no es lo que esperaban (y considerando sus actitudes frente a la maternidad, estoy segura de que eso quiere decir que desearían no haber tenido hijos) (debo ser adorable para que piensen así jajajaja xD) Sin embargo, de lo que he leído y conversado al respecto, sí hay algunos puntos que me sorprendieron y que quisiera comentar con ustedes. Separaré dichas apreciaciones según la razón de las personas para no tener hijos.

Motivos personales: Desagrado hacía los niños, no sentirse preparado, simplemente no tener ganas de ser madre o padre, etcétera [1].

Con respecto a quienes eligen no tener hijos por motivos personales no hay mucho que decir: es una cuestión de cada quién y lo cierto es que me alegra que exista gente lo suficientemente honesta como para admitir que no posee condiciones para criar. Lo que sí me molesta es que prácticamente quieran armar una sociedad sin niños. En Chile por suerte aún no pasa (quizás sí con los arriendos u.u), pero en Europa y USA son varios los restaurantes [2] [3] [4] y hoteles sin niños [5 (no soy la única que confundió chilfree con free child xD)] [6] [7], hay aerolíneas childfree [8] y hasta quieren establecer horarios en las grandes tiendas para que las personas sin hijos puedan comprar “tranquilas” [9]. No sé ustedes, pero a mí me molestan muchísimo ciertos grupos humanos, pero no por eso sugeriría un espacio en donde se los excluyera. Sé que es algo personal y así lo mantengo. En cambio se quieren establecer normas que excluyan a los niños porque cierto grupo considera, a priori, que son molestos.

¿Por qué rechazar a los niños es un derecho del local, pero rechazar a un negro es discriminación? ¿Acaso la acción no es la misma? Si ya estamos creando a un par de generaciones de jóvenes descontentos debido al adultocentrismo (se hace lo que el adulto y la autoridad desean, jamás o muy pocas veces lo que el niño quiere), ¿qué se puede esperar de aquellas personas que crecerán siendo discriminadas de local en local sin que nadie diga nada al respecto más que “están en su derecho”?

Motivos ecologistas: el mundo está sobrepoblado, calentamiento global, hambre mundial, etcétera [10]

Ni siquiera siendo anarquista, vegetariana y ecologista logro entender a las personas que deciden no tener hijos por motivos “altruistas”. Porque, ¡vamos!, ¿cuántos años van a estar predicando antes de que alguien les haga caso? Ellos, con su conciencia, van a dejar de tener hijos, pero hay millones y millones de personas a las que no les interesa su postura y que van a procrear igual. ¿No tendría más sentido tener hijos y criarlos en contacto con el medio ambiente para que puedan crecer y respetar el mundo al que llegaron? El ser humano no es dañino por naturaleza: tener hijos no implica que estos van a llegar al tiro destruyendo el ecosistema.

Además, con respecto al hambre y a la sobrepoblación hay que dejar algo bien en claro: pasamos hambre porque no administramos bien los recursos. Una dieta ovo-lacto vegetariana y, en especial, una dieta vegana, a nivel mundial permitiría que muchas menos personas pasaran hambre [11]. Si a eso le agregamos una distribución equitativa y acabar con el desperdicio (cada año los supermercados y otras tiendas botan toneladas de comida en lugar de regalarla [12] [13]) tendríamos comida suficiente para todos los seres humanos. Eso mismo sucede con la sobrepolación. Los espacios no se ocupan bien: mientras unos sectores están despoblados, otros tienen un exceso de personas. Frente a las numerosas posibilidades para solucionar los problemas que enfrentamos, a mí me parece una solución simplista elegir no tener hijos.

(A propósito, vean la introducción de la película Idiocracyhttp://www.youtube.com/watch?v=IAYNHtEDz64 )

Posturas antinatalistas: es inmoral traer niños al mundo cuando este es un lugar tan violento, en la vida sólo se sufre, etcétera [14]

Aquí también la cuestión me parece más personal, pues si a alguien le parece inmoral tener hijos, allá él. Sin embargo, como siempre sucede con los asuntos morales, el tema pasa a ser colectivo cuando se intenta imponer e incluso difundir (si elijo difundir algo es porque lo considero de interés colectivo y deseo que otras personas compartan mi postura).

La visión de que el mundo es un lugar demasiado violento para traer niños al mundo también la tuve. No era algo tan radical como criticar a otros por tener hijos, simplemente era una sensación momentánea. Pero de a poco fui aprendiendo a apreciar los diferentes placeres que conlleva vivir y eso que estoy pendiente de todos los horrores del mundo mucho más que la mayoría de las personas. Sólo que no me parece argumento suficiente para no tener hijos el que exista una guerra en el otro extremo del mundo. Si fuera en donde vivo, no, no tendría hijos. Pero no es así: en mi entorno mi hija podrá disfrutar de un bosque frondoso, de una buena lectura, de viajes, juegos, amigos, amor familiar… Incluso si llegara a pasarle algo, sentiría que su vida valió la pena, como alguna vez me comentó Marcelo Fuentes sobre su propio hijo [15].

Últimas reflexiones

No creo que ser madres o padres sea una necesidad. Al igual que muchos miembros del movimiento childfree, considero que las personas deberían reflexionar mucho más sobre el acto de tener hijos, pues no es cosa de tener sexo y parir: es una ardua responsabilidad que requiere muchísimos más sacrificios de lo que muchas personas están dispuestas a hacer (por algo hay tantos padres dejando a sus hijos llorar para ellos seguir con su vida “normal” o dejándolos en las salas cunas y escuelas como si estas fueran un estacionamiento de niños). También pienso que los tratamientos de fertilidad son tomados con demasiada ligereza: un buen número de mujeres termina teniendo partos múltiples de más de tres niños, lo cual no es sano ni para ellos ni para los padres. Es cierto que no siempre pasa, pero en algunos países simplemente no se toman los cuidados necesarios [16].

Pero además de este par de puntos de encuentro, no pienso que no existan razones para no procrear. Para mí la experiencia de tener una hija sigue siendo maravillosa y Samanta no parece llevarlo mal xD Acúsenme de optimismo exacerbado, pero desde mi punto de vista la vida sigue siendo un regalo y un milagro termodinámico lo suficientemente maravillosa como para despreciarla, sea la causa que sea.

Laurie: Has estado diciendo que la vida es insignificante, ¿cómo puedes ahora…?

Dr. Manhattan: Cambié de opinión.

Laurie: ¿Por qué?

Dr. Manhattan: Milagros termodinámicos… Son tan raros que parecen imposibles. Como que el oxígeno se convierta espontáneamente en oro. Hace tiempo que quiero ver algo así. En cada apareamiento humano, un millón de espermatozoides luchan por un sólo óvulo. Multiplica esa probabilidad por las infinitas generaciones, contra las posibilidades de que tus ancestros vivieran, se encontraran y engendraran esta hija… Hasta que tu madre ama a un hombre al que tiene toda la razón de odiar, y de esa unión, de los millones de niños que compiten por la fertilización, eres tú, sólo tú, la que emergió. Destilar esa forma tan específica de ese caos de improbabilidad, es como transformar en aire en oro… Una de la mayores improbabilidades. El Milagro Termodinámico.

Laurie: Si mi nacimiento, si eso es un milagro termodinámico… ¡Podrías decir eso de cualquier persona en el mundo!

Dr. Manhattan: Sí. Cualquiera en el mundo… Pero el mundo está tan lleno de personas que lo convierten en rutina que lo olvidamos… Lo olvidé. Miramos continuamente el mundo y eso nubla nuestras percepciones. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, puede aún asombrarnos. Ven… Seca tus ojos, porque eres vida, más rara que un quark e impredecible más allá de los sueños de Heisenberg, la arcilla en que las fuerzas que modelan las cosas dejan sus huellas. Seca tus ojos… y vamos a casa.

– Alan Moore, Watchmen, número 9.

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo”

La frase de Mohandas Gandhi que me ha servido de título para esta entrada me ha ayudado a tomar muchas decisiones. Una de ellas -quizás superficial para algunos- ha sido la de comenzar a vestirme como yo deseo y no como pienso que a los demás les agradará más. Mucha gente lo niega, pero lo cierto es que al elegir como vernos (ropa, peinado, maquillaje, actitudes) lo primero que se considera es el resto y no uno. Y bueno, durante doce años fui sometida a una tortura social llamada escuela, en donde existe un juicio constante a tu apariencia, sobre todo si eres mujer. El juicio no es sólo por parte de los hombres, son tus propias “amigas” las que te corrigen constantemente. La cosa es que llega un punto en el que has asumido todas estas costumbres tan bien que ya no recibes críticas, pero tampoco te comportas como tú misma. Es justamente eso lo que quise modificar en mí y me comprometí a lo que ya les comenté: a vestirme como yo quería vestirme.

Me costó mucho, porque uno asume a cada rato que en realidad ese pantalón ajustadísimo en realidad lo quieres usar porque te agrada y no porque te agranda el trasero y eso atrae más a quién te guste. Pero luego de usar pantalones de buzo y comparar la comodidad entre uno y otro se me fue haciendo más fácil comprobar cuales eran las prendas con las que me sentía mejor y las que no. La verdad es que nunca he estado tan metida en el asunto de las apariencias como para usar zapatos de tacón y me cuesta muchísimo entender como hay mujeres que los usan todo el tiempo a costa de numerosos daños que causan. Pero el punto es que de a poquito me he ido liberando de estas trabas que me producía la apariencia y he llegado a salir a comprar en pijamas y pantuflas, cosa que antes no hubiera hecho.

Para radicalizar aún más este “proyecto” personal que inicié con mi embarazo decidí cortarme el pelo con un mohicano. Me rapé casi todo el cabello y me dejé algo de pelo al centro, bastante corto. Mil veces más cómodo, práctico y fresco. Como me comentó una chica genial a la que ahora sigo en su blog, no tener cabello no te hace más o menos mujer, sólo te hace más libre. Y, al fin y al cabo, es eso lo que estoy buscando: libertad. Ese es el cambio que quiero ver en el mundo y no me siento capaz de hablar sobre la libertad si paso horas esclavizada al espejo y si me quejo de que no tengo ropa en mi armario siendo que este está lleno de prendas.

¿Consecuencias sociales de toda esta transformación? Miradas hay varias. Con lo de la vestimenta ya había unas cuantas, pero desde que me rapé han aumentado bastante. En el camping al que fui hace unos días y en donde mi hermana participaba de scout los niños creían que era hombre y las niñas me observaban con admiración. Sobre este último punto es interesante rescatar la perspectiva de género: en otros círculos sociales también fueron más los hombres los que mostraron desagrado y las mujeres se admiración (excepto mi mamá, por supuesto xD). También está la diferencia generacional: los adultos me miran casi como si tuviera tiña, independiente de su género, y los jóvenes me miran, pero menos. Están más habituados a esas apariencias. Lo gracioso es que mucha gente me comentó que mi hija no me iba a reconocer y lo cierto es que Samanta apenas se dio cuenta. Y les hablo de una niña muy perspicaz: si Sam ve un vídeo clip en donde aparece un auto y varias semanas después escucha la canción, dice “auto” en referencia a eso. Pero a pesar de saber lo que es el pelo y de tirar el cabello de su mamá a cada rato, no hizo ninguna mención a mi corte. ¿Será que los niños realmente se fijan en cosas más importantes que eso? Espero que así sea.

Harta de que la vida se considere una pasarela, provoqué un cambio radical en mi misma para protestar en contra de eso. No quiero pasar mi vida eligiendo zapatos, ropa, maquillaje y peinado sólo para agradar a un grupo de desconocidos. Yo soy yo con o sin pelo, con ropa ancha o ajustada y si es así, ¿para qué voy a dedicar a arreglarme si no cambia en nada quién soy por dentro? De a poco voy asumiendo en mi propia vida eso de que lo esencial es invisible a los ojos. Cuesta, pero una vez que se vive bajo esa premisa es genial 🙂

“Como matar al intermediario” y una breve aclaración

En torno a la entrada Mi experiencia con el Software Libre varios comentarios me indicaron que ganar dinero con el software que uno creaba no tenía porqué reprocharse. Y concuerdo. Pero concuerdo sólo dentro de este sistema, porque al fin y al cabo de algo hay que vivir y ¿qué mejor que vivir de un trabajo que te guste y en el que puedas serle fiel a tus principios? Sin embargo, creo que quien promueve la libertad en el software también tiene que promover la libertad en la vida real y para eso es necesario buscar nuevas formas de organizarse en sociedad, porque nuestra cultura ha demostrado tener serias falencias en todo sentido (falencias que me dedico a denunciar en este sitio). En mi opinión, ninguna forma de organización social basada en el dinero funcionará y es por eso que cuando contemplo, analizo o difundo ideas o prácticas para cambiar el “mundo” no tomo en consideración el factor monetario, pues si dicha idea tomara el lucro (entendiéndolo como ganancia de dinero) como eje de su planteamiento, en mi opinión ya no cambiaría nada.

Terminada la aclaración, y relacionado al tema, quiero compartir un vídeo que Víctor Salmerón dejó en los comentarios. Lo resumiría, pero prefiero que lo vean, está genial.

“Hoy estoy seguro que la industria de la cultura somos los lectores y los autores, y nadie más. Y que la otra industria, la que le teme a los cambios, la que intenta hacernos creer que internet es un lastre, la que rasguña y la que daña, se está muriendo. Y la vamos a ver morir.

La cultura tiene que ser libre y tiene que ser gratuita.”

Mi experiencia con el Software Libre

La primera vez que intenté usar GNU/Linux fallé estrepitosamente. Fue por el 2007 y un amigo me convenció de instalar Ubuntu -¿a qué no adivinan cómo?- gracias a los efectos de Compiz. Siempre he sido muy independiente para el tema de la computación porque no me gusta esperar a nadie que pueda ayudarme, quiero hacerlo todo de inmediato, así que me largué a instalar Ubuntu sin saber casi nada del tema y más encima en un momento en que usar esta distro no era precisamente sencillo. La cosa es que dejé la embarrada en el computador, no pude hacer funcionar el internet ni mucho menos la tarjeta gráfica y, por ende, los efectos. Ahora entiendo el porqué, pero en ese momento me horroricé y me devolví lo más rápido que pude a Window$ XP.

Durante mucho tiempo estuve diciendo que usar GNU/Linux era demasiado difícil para mí, hasta que apareció JP Neira convenciendo a mi novio de que dejáramos el imperialismo de Micro$oft y él cedió. Nos comprometimos a cambiarnos juntos para ir aprendiendo de a dos. Por suerte esta vez conté con la asistencia de Juan Pablo en todo sentido, pues el cambio no fue sólo por un tema de atractivo visual o gratuidad, sino por razones ideológicas que antes no conocía. Usar Software Libre para mí representó desligarme de un Imperio computacional que comete una serie de “infracciones” a la libertad del usuario como: 1) Prohibirte usar el SO en varios computadores a la vez 2) Cobrarte, no por obtener el disco, sino por la licencia del programa y sistema operativo que deseas 3) Acumular información de cómo usas el SO sin autorización previa 4) Entregar esa información a otras organizaciones 5) Realizar cambios en tu sistema sin previo aviso 6) Crear programas no-compatibles con versiones añejas de Window$ que finalmente te fuerzan a actualizarte y mucho más. Es cierto que se puede ocupar una copia pirata de Window$, pero ¿de qué sirve tener instalado un sistema de una compañía que hace todo para ganar dinero y nada para facilitarte las cosas? ¿No es mejor apoyar proyectos libres, que buscan lo mejor para la comunidad y no para los bolsillos individuales?

Hace un año que uso sólo GNU/Linux en mis computadores y puedo decir que he aprendido muchísimo. He pasado por varias distros: Trisquel, Ubuntu, Kubuntu, Xubuntu, Linux Mint, Debian, Fedora (en estas dos sólo dure unos 10 minutos xD), entre otras que no recuerdo. Mi favorita siempre ha sido Trisquel, tanto por su facilidad de uso, como por el hecho de ser 100% Software Libre. Sólo la dejé de usar en mi netbook Acer Apire One D260 porque tenía una tarjeta Wifi privativa, así que terminé vendiendolo y comprando un notebook compatible.

Pero no quiero meterme en cosas técnicas. Sobre eso hay mucho escrito y la importancia que le doy al Software Libre -y que quiero compartir con ustedes- va mucho más allá de eso. Una de las cosas que más me ha sorprendido es la tremenda comunidad que hay en torno a este tipo de software. Una comunidad servicial, siempre dispuesta a ayudar. Cuando tienes problemas con alguna distro, puedes encontrar muchísimas posibles soluciones facilitadas por usuarios como tú, que tienen un poco más de experticia o experiencia en el área. Porque claro, como señala Stallman, el Software Libre conlleva algo de cooperación y compañerismo porque el código de los programas y su creación deja de ser un conocimiento secreto de unos cuantos para ser algo que cualquiera con algo de voluntad y tiempo pueda aprender.

¿Inconvenientes? La mayoría han sido técnicos, como la incompatibilidad del hardware (provocada no por GNU/Linux, sino por los drivers de algunas empresas que siguen siendo de código cerrado y/o privativo), pero durante un tiempo igual me afectó la falta de costumbre y la ausencia de juegos conocidos (no la ausencia de juegos, porque GNU/Linux cuenta con una amplia gama de ellos). Nada insuperable, nada que no valiera la pena por una buena causa. Bueno, por una causa y por la otra serie de factores que podrán encontrar en cualquier lado: seguridad, estabilidad, gratuidad, velocidad y, lo más importante, libertad (de usar, compartir, indagar, aprender).

Este 24 de enero se vota en USA una ley que nos afectara a todos: Stop Online Piracy Action (SOPA). Si bien cuenta con muchos opositores, es posible que se lleve a cabo igual. ¿Qué hacer ante esto? Mi respuesta sería volcarnos hacía la comunidad libre. Escuchar y descargar música sin derechos de autor, usar Software Libre, descargar libros de autores que suben sus publicaciones de manera gratuita a la red, etcétera. Porque por más que SOPA se detenga ahora, los poderosos van a seguir lloriqueando para controlar el internet. Fomentar la comunidad libre los deja desarmados. Nos jodemos a sus grandes compañías a través del boicot, de paso no hacemos un sacrificio tan grande porque tenemos alternativas y fomentamos la libertad y la cooperación al menos de manera virtual (la idea sería llevar esto a cabo también en vivo).

Algunas citas de Richard Stallman, fundador del Movimiento por el Software Libre y programador:

 – “Poner patentes a licencias sobre el software es como poner patentes sobre las recetas culinarias. Nadie podría comer a menos que pagara por la licencia de la receta“
– “Beethoven era un buen compositor porque utilizaba ideas nuevas en combinación con ideas antiguas. Nadie, ni siquiera Beethoven podría inventar la música desde cero. Es igual con la informática“
– “A Microsoft no le gusta que escapemos a su poder“

Hacer activismo con los hijos

Hace un tiempo discutía con varias personas que pertenecen a una agrupación de padres y madres veg[etari]anos. La discusión se armó cuando una madre llegó diciendo que se había dado cuenta que imponer cualquier idea, por buena que pareciera, no era un acto de amor, así que había decidido permitirle a su hija elegir si comer carne o no. Ya estaba harta de armar una guerra en torno a la comida. Su posición me pareció sumamente acertada y la comparto: es más, desde que supe que estaba embarazada tuve claro que Samanta sólo iba a ser vegetariana hasta que adquiriera conciencia sobre sus alimentos. Si luego quiere comer carne, yo misma se la cocinaría.

La cosa es que después del comentario de la señora, llegaron montones de personas a decir que cosas como “nosotros sabemos lo que es mejor para nuestros hijos” y “los niños tienen que aprender a confiar en sus padres y comer lo que se les sirve en la mesa”, lo cual me pareció sumamente gracioso porque esas mismas personas son las que en algún momento tuvieron que batallar con sus propios padres para poder ser veg[etari]anos. También comentaban cosa como “si mi hijo quiere comer carne, que lo haga fuera de mi casa”. Postura que tampoco consideré coherente debido a que si es uno el que cocina carne en su casa al menos puede buscar granjas tradicionales para asegurarse que el animal no ha sido criado en tan malas condiciones como las industriales.

Gracias a ese debate me puse a pensar en uno más amplio: ¿es válido hacer activismo con nuestros hijos? Mi respuesta es que no. Una de las razones de mi negativa es que si uno intenta motivar o imponerle a los hijos que crean en lo mismo que uno al final la cosa resulta al revés. De tanto oír a tus padres predicarte una cosa, terminas quedando chato y con ganas de hacer todo lo contrario, quizás no siempre de manera consciente. Pero la otra razón, aún más importante, es que no es “justo” para el niño estar recibiendo el constante adoctrinamiento de sus padres, sea este relacionado con la alimentación, con su comportamiento o con su sexualidad.

Una cosa es predicar a personas que no viven con uno y sobre las que no tenemos ninguna influencia inherente. Pero otra muy diferente es joder a los niños día tras día con discursos sobre lo que comen, lo que hacen, lo que leen, lo que ven, etcétera. Por ejemplo, para abordar el consumo de carne con los hijos creo la cosa debe ser más bien casual: que el tema surge y se comente, pero no como algunos padres pretenden hacerlo: mostrar documentales, fotos, hacer comentarios a cada rato… Yo lo viví en el sentido inverso, pues a mi madre no le agradaba que fuera vegetariana y es terrible saber que cada comida tiene un potencial riesgo de que alguien llegue y te dé discursos sobre ello.

Con esto no quiero decir que no se pueda conversar con los hijos o entregar tu punto de vista. Sólo me parece necesario diferenciar esto de la prédica. La conversación es casual, breve, permite al otro entregar sus puntos de vista sin menospreciarlos y permite la retroalimentación. La prédica, por el contrario, es extensa, insistente y contiene el peso de la autoridad, por lo que no permite contradicciones. Yo soy vegetariana por compasión hacía los animales (humanos y no humanos) y hacía la naturaleza, pero aún así no me gustaría inculcarle a mi hija esos valores. Sí hablarle de ellos, enseñarle y mostrarle lo que sufren los animales, pero inculcarlo, entendiendo esto como la constante repetición de ideales o la obstinación de lo que se siente y se prefiere, no. Por la simple razón de que no quiero ponerle etiquetas, ya sean religiosas, morales o psiquiátricas. Que ella elija sus propias etiquetas. Yo puedo enseñar, por supuesto, pero como ya dije, no me gustaría inculcar.

Obligar a nuestros hijos a ser vegetarianos o veganos es adoctrinar, por más que se cubra de palabras bonitas. El mismo lenguaje es utilizado por personas que obligan a sus hijos a rechazar a los homosexuales, negros, etcétera. Aún cuando tengo plena seguridad de que lo correcto es no comer animales, especialmente de aquellos que provienen de la industria, si obligo a mi hija a seguir lo que yo pienso -por más argumentos que tenga a mí favor- estaré adoctrinándola.

Si de verdad a alguien le interesa que sus hijos sigan ciertos valores o se comporten de cierta forma, pues debieran predicar con sus acciones: la única carta válida es dar el ejemplo (los niños generalmente hacen lo que ven y no lo que les digan que hagan). Y claro, también es posible que los hijos no hagan lo mismo que nosotros, pero ¿cuál es el problema? Puede que los hijos salgan de nuestro cuerpo, pero al fin y al cabo están destinados a ser seres autónomos, con su propia forma de pensar.

Hay una imagen que me enviaron una vez en donde unos padres vestidos como punks se despiden de su hijo vestido con un terno y se preguntan qué hicieron mal. Imagino que la persona quería decir que eso me iba a pasar a mí. Me causo una gracia triste, porque esa es la regla: padres que se decepcionan de sus hijos sólo porque estos hacen lo que uno no quiere que hagan. En mi caso tengo bien claro que quizás mi hija no sea como yo y no profese mis valores. ¿Me sentiré decepcionada? Jamás. Mientras sea feliz, mientras elija lo que ella considere correcto, me sentiré triunfante como madre. Por cierto, no se imaginan la tristeza que me invade el escuchar a adolescentes diciendo que ojalá sus padres fueran así…