Reflexiones en torno al movimiento childfree

Existe un movimiento que se hace llamar Childfree, o sea, libre de niños. Son personas que eligen no tener hijos, cada quién por razones diferentes. La primera vez que me topé con datos sobre estas personas fue cuando, irónicamente, buscaba información sobre el libro de A.S. Neill, The Free Child. Pero bueno, tampoco es que me haya sorprendido mucho. Son muchos los jóvenes a los que he escuchado comentar que no quieren tener hijos (aunque, curiosamente, ninguno de mi círculo de cercanos… esos son todos “guaguateros” ^^) y desde mi abuela hasta mi propia madre han comentado que tener hijos no es lo que esperaban (y considerando sus actitudes frente a la maternidad, estoy segura de que eso quiere decir que desearían no haber tenido hijos) (debo ser adorable para que piensen así jajajaja xD) Sin embargo, de lo que he leído y conversado al respecto, sí hay algunos puntos que me sorprendieron y que quisiera comentar con ustedes. Separaré dichas apreciaciones según la razón de las personas para no tener hijos.

Motivos personales: Desagrado hacía los niños, no sentirse preparado, simplemente no tener ganas de ser madre o padre, etcétera [1].

Con respecto a quienes eligen no tener hijos por motivos personales no hay mucho que decir: es una cuestión de cada quién y lo cierto es que me alegra que exista gente lo suficientemente honesta como para admitir que no posee condiciones para criar. Lo que sí me molesta es que prácticamente quieran armar una sociedad sin niños. En Chile por suerte aún no pasa (quizás sí con los arriendos u.u), pero en Europa y USA son varios los restaurantes [2] [3] [4] y hoteles sin niños [5 (no soy la única que confundió chilfree con free child xD)] [6] [7], hay aerolíneas childfree [8] y hasta quieren establecer horarios en las grandes tiendas para que las personas sin hijos puedan comprar “tranquilas” [9]. No sé ustedes, pero a mí me molestan muchísimo ciertos grupos humanos, pero no por eso sugeriría un espacio en donde se los excluyera. Sé que es algo personal y así lo mantengo. En cambio se quieren establecer normas que excluyan a los niños porque cierto grupo considera, a priori, que son molestos.

¿Por qué rechazar a los niños es un derecho del local, pero rechazar a un negro es discriminación? ¿Acaso la acción no es la misma? Si ya estamos creando a un par de generaciones de jóvenes descontentos debido al adultocentrismo (se hace lo que el adulto y la autoridad desean, jamás o muy pocas veces lo que el niño quiere), ¿qué se puede esperar de aquellas personas que crecerán siendo discriminadas de local en local sin que nadie diga nada al respecto más que “están en su derecho”?

Motivos ecologistas: el mundo está sobrepoblado, calentamiento global, hambre mundial, etcétera [10]

Ni siquiera siendo anarquista, vegetariana y ecologista logro entender a las personas que deciden no tener hijos por motivos “altruistas”. Porque, ¡vamos!, ¿cuántos años van a estar predicando antes de que alguien les haga caso? Ellos, con su conciencia, van a dejar de tener hijos, pero hay millones y millones de personas a las que no les interesa su postura y que van a procrear igual. ¿No tendría más sentido tener hijos y criarlos en contacto con el medio ambiente para que puedan crecer y respetar el mundo al que llegaron? El ser humano no es dañino por naturaleza: tener hijos no implica que estos van a llegar al tiro destruyendo el ecosistema.

Además, con respecto al hambre y a la sobrepoblación hay que dejar algo bien en claro: pasamos hambre porque no administramos bien los recursos. Una dieta ovo-lacto vegetariana y, en especial, una dieta vegana, a nivel mundial permitiría que muchas menos personas pasaran hambre [11]. Si a eso le agregamos una distribución equitativa y acabar con el desperdicio (cada año los supermercados y otras tiendas botan toneladas de comida en lugar de regalarla [12] [13]) tendríamos comida suficiente para todos los seres humanos. Eso mismo sucede con la sobrepolación. Los espacios no se ocupan bien: mientras unos sectores están despoblados, otros tienen un exceso de personas. Frente a las numerosas posibilidades para solucionar los problemas que enfrentamos, a mí me parece una solución simplista elegir no tener hijos.

(A propósito, vean la introducción de la película Idiocracyhttp://www.youtube.com/watch?v=IAYNHtEDz64 )

Posturas antinatalistas: es inmoral traer niños al mundo cuando este es un lugar tan violento, en la vida sólo se sufre, etcétera [14]

Aquí también la cuestión me parece más personal, pues si a alguien le parece inmoral tener hijos, allá él. Sin embargo, como siempre sucede con los asuntos morales, el tema pasa a ser colectivo cuando se intenta imponer e incluso difundir (si elijo difundir algo es porque lo considero de interés colectivo y deseo que otras personas compartan mi postura).

La visión de que el mundo es un lugar demasiado violento para traer niños al mundo también la tuve. No era algo tan radical como criticar a otros por tener hijos, simplemente era una sensación momentánea. Pero de a poco fui aprendiendo a apreciar los diferentes placeres que conlleva vivir y eso que estoy pendiente de todos los horrores del mundo mucho más que la mayoría de las personas. Sólo que no me parece argumento suficiente para no tener hijos el que exista una guerra en el otro extremo del mundo. Si fuera en donde vivo, no, no tendría hijos. Pero no es así: en mi entorno mi hija podrá disfrutar de un bosque frondoso, de una buena lectura, de viajes, juegos, amigos, amor familiar… Incluso si llegara a pasarle algo, sentiría que su vida valió la pena, como alguna vez me comentó Marcelo Fuentes sobre su propio hijo [15].

Últimas reflexiones

No creo que ser madres o padres sea una necesidad. Al igual que muchos miembros del movimiento childfree, considero que las personas deberían reflexionar mucho más sobre el acto de tener hijos, pues no es cosa de tener sexo y parir: es una ardua responsabilidad que requiere muchísimos más sacrificios de lo que muchas personas están dispuestas a hacer (por algo hay tantos padres dejando a sus hijos llorar para ellos seguir con su vida “normal” o dejándolos en las salas cunas y escuelas como si estas fueran un estacionamiento de niños). También pienso que los tratamientos de fertilidad son tomados con demasiada ligereza: un buen número de mujeres termina teniendo partos múltiples de más de tres niños, lo cual no es sano ni para ellos ni para los padres. Es cierto que no siempre pasa, pero en algunos países simplemente no se toman los cuidados necesarios [16].

Pero además de este par de puntos de encuentro, no pienso que no existan razones para no procrear. Para mí la experiencia de tener una hija sigue siendo maravillosa y Samanta no parece llevarlo mal xD Acúsenme de optimismo exacerbado, pero desde mi punto de vista la vida sigue siendo un regalo y un milagro termodinámico lo suficientemente maravillosa como para despreciarla, sea la causa que sea.

Laurie: Has estado diciendo que la vida es insignificante, ¿cómo puedes ahora…?

Dr. Manhattan: Cambié de opinión.

Laurie: ¿Por qué?

Dr. Manhattan: Milagros termodinámicos… Son tan raros que parecen imposibles. Como que el oxígeno se convierta espontáneamente en oro. Hace tiempo que quiero ver algo así. En cada apareamiento humano, un millón de espermatozoides luchan por un sólo óvulo. Multiplica esa probabilidad por las infinitas generaciones, contra las posibilidades de que tus ancestros vivieran, se encontraran y engendraran esta hija… Hasta que tu madre ama a un hombre al que tiene toda la razón de odiar, y de esa unión, de los millones de niños que compiten por la fertilización, eres tú, sólo tú, la que emergió. Destilar esa forma tan específica de ese caos de improbabilidad, es como transformar en aire en oro… Una de la mayores improbabilidades. El Milagro Termodinámico.

Laurie: Si mi nacimiento, si eso es un milagro termodinámico… ¡Podrías decir eso de cualquier persona en el mundo!

Dr. Manhattan: Sí. Cualquiera en el mundo… Pero el mundo está tan lleno de personas que lo convierten en rutina que lo olvidamos… Lo olvidé. Miramos continuamente el mundo y eso nubla nuestras percepciones. Pero visto desde otra perspectiva, como si fuera nuevo, puede aún asombrarnos. Ven… Seca tus ojos, porque eres vida, más rara que un quark e impredecible más allá de los sueños de Heisenberg, la arcilla en que las fuerzas que modelan las cosas dejan sus huellas. Seca tus ojos… y vamos a casa.

– Alan Moore, Watchmen, número 9.

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El mundo de los bebés

El mundo de los bebés es un documental hecho para dilucidar qué métodos son más efectivos para criar a un bebé durante sus primeros meses de vida. Tal promesa, como suele suceder con este tipo de documentales, no se cumple y el programa termina con una frase muy habitual cuando se trata de m(p)aternidad: “todos los métodos sirven, dependiendo de la familia”. Una frase cliché que se aplica en algunos puntos, pero no en todos, pues hay cosas que sí son mejores que otras independiente de la familia o la cultura en la que se este inmerso.

Si bien leí Tu hijo del doctor Spock y El Concepto del Continuum de Jean Liedloff, no estuve familiarizada con Truby King hasta después de ver El mundo de los bebés, pero sí leí Duérmete, niño de Eduard Estivill, que vendría a ser el análogo de King. He leído sobre cada una de estas perspectivas desde que quedé embarazada. Mucha gente me ha hecho comentarios referente a eso. Me preguntan si acaso creo necesario leer libros para criar a mi hija. Y lo cierto es que sí, los necesito. No para tener un manual de instrucciones, sino para obtener otros puntos de vista. Como bien señalan muchos padres, vivimos en una época de incertidumbre y recibimos montones de información. Conocer los distintos puntos de vista nos ayuda a elegir un camino que, de preferencia, no esté marcado por exigencias externas, sino por lo que esperamos al formar una familia (con veracidad sobre los resultados, por supuesto. Como podrán comprobar más adelante, muchos de estos métodos se escudan bajo mentiras para venderse).

Con respecto al documental, trataré de examinar los principales puntos de las teorías de cada autor para que puedan comprobar lo irresponsables y adultocéntricos que han sido los productores de El mundo de los bebés al sugerir que todos los métodos sirven.

ADVERTENCIA: Aunque parezca obvio decirlo, sugiero que para efectos de una óptima lectura vean el documental completo antes de leer mis comentarios y observaciones.

LACTANCIA MATERNA: Es curioso que en el documental sólo Claire Scott (la “mentora” que se basa Jean Liedloff) promueva la lactancia materna. Curioso, pues se supone que el concepto del documental es seguir los tres “manuales” elegidos y todos los autores recomiendan la lactancia materna.Como señalé antes, existen puntos que no dependen de la familia o la cultura y este es uno de ellos. Los beneficios de la lactancia materna tanto para la madre como para el bebé están ampliamente documentados [1] [2] [3] [4] [5] y las tribus indígenas comprendían dichos beneficios sin necesidad de hacer estudios sobre el tema. Por supuesto, no se trata de imponer, pero creo que es necesario que las madres conozcan todos esos beneficios al momento de elegir que alimentación van a otorgar a sus hijos. Si estos beneficios no se conocen, se suele caer en el error de creer que es lo mismo alimentar a un bebé con leche de vaca, leche maternizada o leche materna.

Si bien todos los autores recomiendan la lactancia materna, sólo Truby King establece horarios, lo cual no está recomendado en la actualidad, pues es mejor tanto para el bebé como tribuspara una adecuada producción de leche que el lactante mame a demanda [6] [7].

DORMIR: En este punto podemos encontrar más desacuerdos. Para Liedloff lo más apropiado es que los bebés duerman con sus madres hasta que ambos quieran. De esta forma se continúa la lactancia materna a demanda durante la noche, la madre duerme mejor pues no debe levantarse a cada momento y el bebé duerme más tranquilo al estar en contacto con su progenitora. Para respaldar esta tesis la antropóloga argumenta que los bebés, por cuestiones evolutivas, necesitan dormir acompañados. De preferencia por sus madres. Para Spock, el bebé debía dormir en la habitación de sus padres los primeros tres meses y luego se lo debía cambiar de habitación y dejarlo llorar hasta que se resignara y aprendiera a dormir solo, pues según el doctor un bebé a esa edad sólo llora de rabia por no poder estar con sus padres (N/A: ¿y eso es menos importante?). Para Truby King, un bebé debía dormir solo en su habitación desde que nacía y los padres debían dejarlo llorar. Sus principales argumentos están enfocados en la creencia de que los bebés son seres manipuladores y que por ello los padres no debemos ceder a sus demandas, si no a la inversa.

Nuevamente, una de las mentoras no cumplió con lo que se señalaba en su manual. Es cierto que una de las premisas de Spock era que la madre sabía más de lo que creía, pero aún así él establece muchísimas reglas que Trina Hamilton pasa por alto. La permisividad que se le achaca a Spock surge más bien de la comparación porque claro, si lo ponemos al lado de alguien como Truby King, Spock es sumamente permisivo.

En cuanto al colecho se dice mucho. Lo cierto es que en pediatría no existen estudios concluyentes. La UNICEF recomienda el colecho para mantener la lactancia materna y sólo advierte los posibles peligros de la cama, que pueden ser prevenidos [8]. Otros estudios señalan que el colecho es una mala práctica porque no consideraría las reales necesidades del niño [9], sin embargo me parece necesario recalcar la contradicción que supone que esas necesidades reales sean las que plantee el pediatra y no las que exprese el niño (ya sea a través de su llanto o con palabras en edades posteriores).

Uno de los principales motivos que se usan para desaconsejar el colecho es que los hijos se “mal acostumbran” y que luego es imposible sacarlos de la cama y/o enseñarles correctos “hábitos del sueño”. Lo cierto es que los estudios con respecto a esto último demuestran que el colecho permite que los niños duerman bien, no existen riesgos de que luego no quieran salir de la habitación de sus padres (como suele preguntar Carlos Gonzalez: ¿alguien conoce a un niño de 15 años que duerma con sus padres?) y sólo es necesario tomar las medidas necesarias para que la cama no sea peligrosa para el bebé [10] [11]. Es más, algunos estudios incluso plantean que el colecho fomenta la lactancia materna y ayuda al bebé a dormir mejor [12].

¿Qué método resulta mejor? Mientras no se deje llorar a los niños solos en su habitación (a continuación me enfocaré en el tema del llanto), se los mantenga en su cuarto los seis primeros meses (para evitar el riesgo de muerte súbita) y se los respete, cualquier forma de dormir es buena para el niño.

LLANTO: Con respecto al llanto, Spock consideraba que después de los tres meses el bebé sólo llora para manipular, por lo que si sus necesidades básicas están cubiertas hay que dejarlo solo. Truby King también pensaba así, pero lo extendía desde el nacimiento del bebé. En oposición a ambos, Liedloff plantea que el llanto siempre es una forma de comunicar algo, por lo que los padres deben prestarle atención e intentar calmarlo.La mayoría de los estudios hechos sobre el llanto de los bebés (los estudios de verdad, no los de Estivill en donde se cita a sí mismo o cita a discípulos que lo citan a él) confirman que dejar llorar solo a un bebé le puede causar daños ya sea en su infancia o más adelante. La mayoría de los “expertos” que sugieren dejar a los bebés llorar o las familias que siguen estos modelos aseguran que estos dejan de llorar. Eso sucede porque el bebé adquiere algo que han llamado como “indefensión aprendida”: como el bebé sabe que no puede contar con quiénes lo rodea, deja de llorar [13]. No es que los bebés “aprendan” que deben dormirse solos, sino que se resignan a que nadie los ayudará.

Aún considerando lo anterior, es debido mencionar que el llanto no es totalmente negativo. Este tiene funciones terapéuticas, por lo que no hay que sentir tanta presión cuando el bebé llora, sólo hay que intentar calmarlo y si no funciona, hacerle compañía para no aumentar su angustia [14] [15].

CARICIAS Y ATENCIÓN: Tanto Spock como Liedloff concordaban en que el cariño era fundamental para el bienestar del bebé y de la madre y en que no existe un parámetro de cuánto cariño o atención debe recibir el lactante. Por el contrario, Truby King planteaba que era necesario dejar a los bebés solos la mayor parte del tiempo y disminuir las caricias lo máximo posible para criar niños menos individualistas. En el documental podemos ver como Claire Varity sólo permite que la madre sostenga a su hijo por diez minutos y que al darle mamadera tiene que mantener al bebé lo más distanciado posible de sí misma.

Actualmente los estudios apoyan las tesis de Spock y de Liedloff. Las caricias producen endorfinas (inhibidoras de las fibras nerviosas que transmiten el dolor y analgésica. Produce sensación de bienestar) y disminuye el cortisol (hormona que se produce en respuesta al estrés y que segregada a largo plazo puede causar diversos daños [16]).

OPINIÓN PERSONAL SOBRE LAS MENTORAS Y LOS MÉTODOS UTILIZADOS: Una de las mayores impresiones que me lleve al escuchar a Claire Varity, mentora del método Truby King, es su forma de ver a los hijos como “enemigos” a los que hay que doblegar. Además, está hablando todo el tiempo sobre como los padres deben “recuperar la normalidad”. Entonces, ¿para qué tienen hijos? ¿Cuál sería el sentido de tener hijos si no se cambia, si no se cree en la sabiduría que ese cambio nos puede aportar? Digo, si alguien quiere dedicarse a dar fiestas, pasarlo bien y dormir en paz, lo último que debe hacer es tener hijos. Es notable la pregunta de Trina Hamilton: “Si vas a apartar a tus hijos la mitad del día, ¿para qué los tienes?”.

Creo que los hijos vienen a cambiarlo todo y es justamente la gracia de tenerlos. Nuestros esquemas se rompen y somos capaces de aprender cosas nuevas. Es cierto que no hay que dejar todo de lado al tener hijos y que estos también también tienen que adaptarse a uno. Pero eso debe ser de manera gradual, con algunos sacrificios y también aprendiendo a hacer las cosas de formas diferente.Cuando nos vamos a vivir con una pareja o incluso con un grupo de amigos tenemos que comenzar a cambiar parte de nuestro estilo de vida. Pues con los bebés pasa lo mismo. Negarse al cambio es negar uno de los principales factores que nos permite sobrevivir.

A Claire Scott, mentora del método de Jean Liedloff, también le encuentro sus contra. Si bien concuerdo con casi todo lo que dice, no me gusta su forma de argumentarlo, siempre recurriendo a la falacia ad antiquitatem, ya que “siempre se ha hecho así” es un argumento fácilmente refutable (¡Ojo! Liedloff no argumenta de la misma forma). Es más, si apelamos a lo “natural”, pues el cambio está dentro de nuestra naturaleza y podemos buscar formas de hacer las cosas de manera diferente sin que ello sea perjudicial.Concuerdo con ella en respetar los ritmos del bebé, pero pienso que esos ritmos pueden ser respetados en una cuna y en un coche, no sólo en un porta-bebés y durmiendo al lado de sus padres.

Trina Hamilton, por su parte, no sigue los planteamientos de Spock. No es la gran crítica, pero sí es debido señalarlo, ya que la premisa del documental indica que estas mentoras seguirán los libros al pie de la letra. Con respecto a sus métodos, Hamilton señala que si uno no quiere darle pecho al bebé no tiene que sentirse culpable, pero me parece algo negligente no informarle a esas madres que la mejor opción es la lecha materna, tanto por un tema nutricional como afectivo. No es obligarles, por supuesto, pero sí mostrarles cómo son las cosas. Al menos en el tema de la lactancia materna sí existen hechos demostrables que respalden sus beneficios y que una “experta” los pase por alto no me parece bueno. Sí me gustó eso de “deja las cosas que no son importantes y recarga tus pilas” y también lo de aceptar toda la ayuda posible.

SOBRE EL DOCUMENTAL: Como ya señalé varias veces, una de las fallas del documental es que las mentoras no siguen las lecturas al pie de la letra. Sin embargo, una crítica mucho más importante es que los métodos utilizados sólo estudian los primeros tres meses de vida. Las secuelas de la primera infancia pueden verse sólo años después, por lo que no se puede concluir que un método es buen enfocándose en tres meses de vida. Sólo Claire Scott demostró con hechos que los niños criados bajo el concepto del continuum obtienen bienestar e independencia, cosas que ella prometió.

También es importante destacar que en el documental no señalan qué métodos están pensados en el bienestar de los padres (en su época, King y Spock hicieron sus planteamientos pensando en el bienestar de los bebés, pero hoy sólo se siguen implementando pensando en la comodidad de los adultos) y cuáles en el bienestar de los bebés.

No se le pueden pedir peras al olmo. Los documentales de esta índole nunca profundizan y ciertamente son sesgados y responden más a intereses comerciales que a verdaderas intenciones de informarnos (se destaca, por ejemplo, el caso de la lactancia materna. Evidentemente existen intereses tras la forma en que el tema fue abordado, y posiblemente tengan que ver con asuntos de orden económico, como venta de mamaderas, leches maternizadas y otros).

Ocultándose bajo la democrática imagen del “directorio pluralista”, despliegan su mejor arma: poner en un mismo nivel enfoques y teorías que por su mera coexistencia son supuestamente igual de válidas. Con la ilusión de control de nuestras propias decisiones que este relativismo transmite, convierten al espectador en controlado; entendiendo el control que ellos ejercen sobre los contenidos también a los receptores de los mismos.