Fragmentada

Dos personas distintas anidan en mi mente. No uso máscaras, como otras personas. Quienes me conocen tienen una opinión bastante similar de quien soy. Y sin embargo, en mi propia mente no puedo ser yo misma. Dos personas en constante pugna, eso es lo que soy. Una chica amable, tierna, en ocasiones divertida. Una chica cruel, manipuladora, autoritaria. Ninguna se calla, ambas tratan de que tome decisiones según sus propios puntos de vista y en ocasiones sus gritos no me permiten analizar las cosas con tranquilidad.

En ocasiones ambas se ayudan y hasta se necesitan. Se apoyan la una en la otra para encontrar salida en las situaciones difíciles. A veces hasta se muestran aprecio. Pero lo que prima en su relación es la batalla, la imposición de una sobre otra. Una desea la soledad y el abandono, pues con ello nutre su creatividad y sus deseos de ser víctima, siempre una “drama queen”. La otra necesita la compañía y por eso es buena con todo el mundo, pues sabe que ser cruel y manipuladora espanta a las personas. ¿Qué control puedo tener yo sobre estos seres que invaden mi aiúa convirtiéndola en la suya? ¿Tengo voz y voto en las decisiones que desean tomar o soy sólo esclava de ambas, un títere a merced del titiritero?

Quiero gritarles que tomen luego una decisión, que no sigan partiendo más mi alma. Quiero pedirles que elijan un camino porque estoy harta de fluctuar por todas partes, sin raíces.

Otras personas usan máscaras, pero ¿en su interior se sentirán tan fragmentadas como yo? ¿Será que en mi oposición a usar máscaras con los demás las uso conmigo misma? Eso sería peor que presentarse frente a los demás de manera distinta, pues yo misma no sabría quien soy.

Dos personas en mi mente, gritando. Imponiendo sus perspectivas. Dándome y quitándome fuerzas según sea el caso. ¿Cuál de ellas soy? ¿Es posible ser alguna o tal vez todos poseemos parte de otros en nuestras mentes? Tal vez todas nuestras aiúas estén compartidas y nadie sea realmente homogéneo.

Tantas palabras sobre autenticidad e integridad gastadas. Gastadas, sí, porque nadie es íntegro. Todos somos fragmentos esperando ser escuchados y comprendidos. Todos somos el monstruo que pedía amor a gritos en el centro del mundo. Acompañados, pero solitarios. Luchando por ser homogéneos, pero absolutamente divididos en nuestro interior.

¿O nuevamente generalizo y soy sólo yo?

O más importante aún; ¿importa?

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